SnoopyEn mi caso, en cambio, no estaba siendo mi mejor día y,  a media tarde,  traté de “enderezarlo” (o de resarcirme, no sé …), regalándome unos minutos en la cafetería de mi barrio, con una cerveza, un bocadillo y el periódico … Lo que podríamos denominar un rato de introspección, vaya.

Sería por el momento o por mi estado de ánimo, pero lo cierto es que el bocadillo en particular me pareció una verdadera obra de arte, así que decidí salir de mi habitual reserva y decírselo -con la broma de que era un atentado a la línea- al camarero que lo había preparado;  un joven eficiente y rápido, serio y discreto.  Por su sonrisa inmediata y luminosa, me di cuenta de que no estaba demasiado acostumbrado a recibir elogios, y supongo que se sintió obligado a decir alguna cosa.  Pero es que lo que me dijo, con toda modestia y naturalidad y sin dejar de sonreír, visto con esa “mirada curiosa de coach” que los coachs acostumbramos a llevar siempre puesta, me pareció sencillamente genial : “no tiene ningún secreto, sólo se trata de hacer las cosas como si fueran para uno mismo …” (?)

Acabamos la conversación con unas frases convencionales y él se volvió a su trabajo y yo a mi periódico. Pero ya no me pude concentrar. Una frase tan aparentemente sencilla de una persona tan “normal” y profesional, resumía algunas de las filosofías y actitudes que tan necesarias y deseadas son en el mundo de las organizaciones y del liderazgo : profesionalidad, compromiso, implicación, calidad, servicio al cliente, motivación …

Y pensé también que esa es la única manera en que sabemos hacer las cosas en Vesper : como si fueran para uno mismo. Definitivamente, había “enderezado el día”…  ¡Y todo por un bocadillo!

Jordi Foz

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