Frío de MontrealSabemos que llega inevitablemente cada cierto tiempo … pero siempre parece sorprender.

Puede debilitar, acobardar, bloquear… pero también estimula, regenera y fortalece.

Puede provocar sensación de tristeza y de soledad, pero también recrea espacios de ternura, íntimos, propios y acogedores, y el cálido deseo de abrazar y de ser abrazado, quizá en abrazos ya imposibles o que desde siempre fueron  improbables…

Soportamos mejor el propio que el de las personas queridas. Y todos podemos sentirlo y todos podemos también superarlo.

A veces,  parece que nunca vaya a terminar pero siempre acaba pasando y siempre lleva consigo, además,  la esperanza o la certeza de un tiempo mejor.

Y sabemos que volverá… y que volverá a pasar, como una rutina que se repite una y otra vez.

Es … “el dolor” : recurrente pero inesperado, profundo, compartible, soportable… como el frío de Montreal.

Jordi Foz

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