el_poder_te_escucha__1996__expo_i_i__ En una ocasión corregía pruebas de un texto para ser editado. Al principio mi lectura detectó varias erratas, pero a medida que mi fatiga avanzaba, el texto parecía con menos fallos. Me mosqueé, limpié las gafas, parpadeé varias veces, volví sobre el último capítulo, y ¡zas!, aparecieron errores que no había visto antes. “¿Cómo es eso? ¿de dónde surgen? ¿por qué no los he visto?”  Porque sencillamente, mis ojos, ya cansados,  comenzaban a leer una palabra y mi cabeza la completaba sin seguir leyendo.

¿Cuántas cosas dejamos de ver (mejor dicho de oír), porque con nuestra cabeza completamos lo que está diciendo el otro?, ¡qué geniales somos añadiendo, redondeando, respondiendo y terminando el sentido de lo que el otro dice, sin necesidad de escucharle!, ¿verdad?…..y sin embargo ¡cuánto perdemos de información, de interacción, de comprensión, de posibilidades de decidir y de ocasiones para innovar por no parpadear, limpiar las gafas, y ponerse a escuchar al otro, desde el capítulo donde lo dejamos…..

Araceli Cabezón de Diego

Anuncios