nomen_omenLos romanos creían que la elección del nombre de algo o de alguien podía determinar su destino. Seguro que  San Valentín, decapitado por atreverse a casar a soldados cuando el matrimonio era incompatible con la carrera de armas, maldijo la elección del suyo camino del cadalso.

Lo que está claro es que desde que el mundo es mundo, hemos sentido la necesidad de poner nombre a las cosas y somos conscientes de que su elección no es una cuestión menor. Un ejemplo es la palabra naming, el “arte” de poner nombre a las marcas. El “marketiniano” que lo empezó a utilizar a finales de los 70 no se rompió la cabeza, pero está claro que funciona.

Para nuestra desgracia, como hemos escrito en otras ocasiones, el que eligieron para una de las disciplinas que practicamos no nos ayuda demasiado. Pero esta vez, no me quejo de lo que nos cuesta explicar qué es eso de ser coach.

No nos bastaba con compartir nombre con otras profesiones cuya actividad nada tiene que ver con la nuestra. Empezamos con una suave “Super Nanny”, seguimos con un “Hermano mayor” más parecido al primo de Zumosol y actualmente, presenciamos cómo David Bisbal and cía, con nocturnidad y alevosía, perpetran un acompañamiento de dudosa efectividad.

el-paseillo-de-los-juzgados-de-palma-de-mallorcaPero lo que leí el pasado fin de semana me removió de la silla. Entre una abrumadora cantidad de información sobre la comparecencia de la imputada Cristina de Borbón, aparecía un artículo que decía que había sido instruida para “no salirse nunca de un guión sea cual sea la pregunta del juez“. A ese entrenamiento lo denominan, coaching judicial…toma ya!

No seré yo el que dude del “éxito” de ese entrenamiento y tampoco estoy en condiciones de criticar la utilización de un término que por su origen, puede ser aplicado a diversas disciplinas. Simplemente afirmo que, a pesar de la coincidencia en el nombre, lo que nosotros practicamos, no es lo mismo.

Si la mujer del César llamara a nuestra puerta para que le ayudáramos a parecer honesta probablemente no llegaríamos a un acuerdo. Con la hija, tampoco.

Oscar Garro

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