brillaNinguna organización, del tipo que sea, puede sobrevivir de manera razonable a una inadecuada gestión del talento de sus personas.

En cambio, sorprendentemente, esa gestión del talento es a menudo una de las primeras víctimas de esta especie de “fuego purificador” que parece estar asolando tantos ámbitos organizativos,  llevándose por delante conquistas, acuerdos, derechos, procedimientos y convenciones, conseguidos laboriosamente a lo largo de muchas décadas de conflicto, negociación y desarrollo en materia de dirección y liderazgo.

Curiosamente, el argumento para no adoptar o para abandonar prácticas de gestión del talento interno,  acostumbra a girar en torno a la necesidad de priorizar y de poner “ahora” el foco en cuestiones mucho más urgentes… Una actitud directiva claramente errónea y suicida desde mi punto de vista.

Cualquier organización necesita contar con el talento de su gente, y cuanto más difíciles son los tiempos y más complejos los escenarios, más lo necesita. La mejor, si no la única,  garantía de competitividad y supervivencia es la capacidad de identificar, reconocer, promover, desarrollar, retar, aprovechar, retener y gestionar, de manera sistemática y global, eso que conocemos como talento interno, que “siempre” existe en las organizaciones y que, en mi opinión, se basa sobre todo en capacidad, compromiso  acción.

Porque además, la alternativa no es inocua : una cultura corporativa incapaz de ofrecer los espacios de libertad y confianza necesarios para el  desarrollo del potencial y aspiraciones de su gente, es una organización con graves y evidentes carencias. Y todo directivo debería tener muy claro que nada promueve más la motivación y el compromiso de las personas que la garantía de contar con procedimientos profesionales, explícitos, justos y transparentes para encauzar sus legítimos deseos de crecimiento personal y profesional.

Jordi Foz

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