Una pregunta…

untitledA veces los niños nos sorprenden por su sencillez a la hora de ver las cosas. Al recibir esta imagen, de las muchas que recibo por whatsapp, me hizo pensar más allá de lo divertido de la situación en el gran fondo que tiene.

“Yo negro, tu blanco.”; “tu negro, yo blanco”. Se ven diferentes, pero en sus ojos, la diferencia no es un hecho de “separación”, de “miedo”, sino de curiosidad, de preguntarse el porqué.

Y como no hay miedo, no sienten una amenaza, no existe una reacción negativa. Sin embargo, los mayores, cuando nos hacen una pregunta enseguida activamos nuestro sistema de alarma, y nos aparece nuestra voz interior…”¿por qué me habrá preguntado esto?” “¿es que estoy haciendo algo mal?” “¿en que está pensando este?” “¿me está juzgando, él?”…Y actuamos.

Y en nuestra forma de actuar aparece demasiado a menudo una reacción de defensa o ataque. Nos defendemos con disculpas o contraatacamos con otra pregunta, respuesta o con nuestro silencio e indiferencia. Y cualquier cosa que hagamos, le provoca al interlocutor otra reacción, de nuevo adversa, empezándose a generar una pequeña bola de desencuentro con poca pinta de acabar bien… Y simplemente por elucubrar lo que estará pensando el otro.

Y pocas veces pensamos que una pregunta es sólo eso, una pregunta, sin más intenciones por detrás que el conocer, el aprender.

Pero ellos son niños. Esta observación natural de verse igual pero diferentes es su base de relación, tan simple que no necesita explicación. Y es que la pregunta no les supone un cambio emocional. Han evidenciado la diferencia, pero no les afecta. Después de sus preguntas, sus interpretaciones y posiblemente su falta de consenso y de respuesta “conceptualmente buena”, seguirán a lo suyo. No habrá segundas interpretaciones, ni pensamientos que no se dicen. Todo esto lo “aprendemos” después, y es lo que nos hace sufrir y sentirnos mal.

Desde la ortodoxia del coaching, seguramente no son preguntas del todo válidas, ya que están hechas desde la visión blanca o la visión negra, pero son preguntas limpias, sin segundas intenciones, sin “mala leche”.

Ahora imaginaros esa misma foto con dos personas mayores preguntándose lo mismo. ¿no percibís ya el rencor que va surgiendo?

Y ahora, una pregunta, ¿serás capaz de pensar que no es más que una pregunta, sin más?

Iñaki Ruiz, Vicepresidente del Colegio Vasco de Economistas y Responsable de Proyectos Corporativos de Laboral Kutxa

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