Fading_Gigolo_posterEsa astracanada dirigida por John Turturro y protagonizada por él y Woody Allen, me llevó de la tierna sonrisa a la pregunta.

Impulsado por sus dificultades financieras, el viejo Murray (W. Allen), invita a un amigo más joven, e igualmente escaso de fondos a probar un nuevo tipo de negocio: convertirse en gigolo, con él como chulo. Cuando escuché el nombre de batalla -Fioravante- elegido por nuestro héroe (J. Turturro), me arrellané en el asiento preparada para una estupenda sesión de carcajada con palomitas.

Lo que encontré sin embargo, fue el despliegue de un oficio ejercido con inmensa  consideración hacia sus clientas. Nuestro Fioravante  sabía escucharlas:  amable cuando lo necesitaban,  consejo si lo pedían, conversación, tango, sexo suave, masaje, cocina, sexo duro,  ternura y silencio si era requerido.  Lejos de resultar grotesco, nuestro gigoló de  pantalla  se revelaba tierno, considerado, útil y hasta valioso.

¿Tendrán sus homólogas la posibilidad de ejercer con igual libertad y consideración?

Araceli Cabezón de Diego

 

 

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