Las apuestas arriesgadas definen el futuro y permiten hacerlo nuestro”Israel Ruiz, vicepresidente del MIT

El viernes pasado facilitamos una sesión de reflexión con directores y directoras de centros educativos, en la que compartieron proyectos innovadores que habían protagonizado, pusieron en común los retos con los que se están enfrentando y vislumbraron un futuro para sus proyectos educativos. Fue una dinámica sencilla que nos sirvió como inspiración para poder hablar de futuro, de imaginar algo que todavía no ha acontecido.

Y comentamos la diferencia entre un “futuro predecible” y un “futuro deseado”. El futuro predecible lo podemos anticipar y sucederá en función del devenir natural de la realidad que conocemos. Nos imaginamos que va a suceder en función de los datos de nuestro presente y nuestro pasado. El futuro deseado, sin embargo, rompe y desafía esa tendencia. Es un objetivo extraordinario que diseñamos nosotros y que, aunque no cambia nuestra realidad, cambia la manera en que nos relacionamos con ella y nos impulsa a la acción.

Durante la jornada se declararon visiones como “convertirse en un motor de transformación social”, “ser un nuevo referente en educación con modelo educativo propio”, “contar con los mejores índices de alumnos excelentes”, “aparecer en un nuevo ranking en el Financial Times sobre escuelas que transforman nuestra sociedad” e “inaugurar un nuevo centro de experimentación educativa”. Todos coincidimos en que el camino será largo y complicado pero, como dice Rafael Echeverría, el lenguaje es acción y cada vez que hablamos no sólo damos cuenta de lo que ya existe, sino que tenemos el poder de transformar la realidad con nuestra palabra.

Teresa Aranguren

 

 

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