canterbury_cathedral_choir Por razones familiares viajo con cierta regularidad a Canterbury, pequeña ciudad del condado de Kent, una de las más antiguas del Reino Unido, presente en nuestro imaginario literario por los picantes cuentos de Canterbury.

Cuando estoy allí disfruto de un lujo diario en su maravillosa catedral: antes de cenar me acerco todos los días al Choral Evensong, una especie de vísperas de rito anglicano que combina lecturas con canto.

Vivo así la puesta del sol sublimada por la sugestión de los coros, niños o adultos, según el día; un privilegio para mí solo comparable al de escuchar la propia voz entonando  los Hymn englutida en la voz de todos los asistentes y proyectada por la resonancia del ámbito gótico más antiguo del país.  Por si fuera poco, cuando eso termina, el oficiante abre un momento muy especial para finalizar el día, y dice algo así: “…este es el final de una jornada. Lo que ha sido hecho, ha sido hecho; lo que no ha sido hecho, no ha sido hecho…“.

La primera vez que lo escuché, me pareció una perogrullada. Ahora, tras mis encuentros con el  “mindfulness , lo oigo de otra manera:

..terminar una cosa y empezar otra distinta, pausar entre ambas, estar quieto, dar licencia al cuerpo para obviar  la razón, silenciar, poner foco, relajarse, estar en el presente, calmarse, perdonarse, ser consciente, descansar, estar a solas, sosegarse, escuchar al cuerpo…

…me encanta cómo suena la palabra que utilizan los ingleses para todo esto: “stillness”

Araceli Cabezón de Diego

 

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