August-Landmesser-Almanya-1936 (ampli) copiaDesde que la vi en el centro de documentación “Topografía del Terror” de Berlín, tenía ganas de escribir alguna cosa sobre esta impresionante fotografía. Recuerdo que entre las muchas ideas que me inspiró, la primera y dominante fue la de “dignidad”.

Dignidad como la capacidad –intrínsecamente humana- de vivir con conciencia y actuar con libertad; como la competencia de elegir… cuando es posible algún tipo de elección.

Si es que están identificados, no tengo muy claros cuáles son los principales enemigos de la dignidad, pero los sitúo en torno a conceptos tan comunes como el miedo y la inseguridad. Por eso precisamente, la dignidad me parece una cualidad del propio “ser”, un valor subjetivo de cada persona, que se puede manifestar en multitud de pequeñas o grandes decisiones cotidianas, en ámbitos personales, familiares o profesionales y que, a menudo,  tiene que bordear ese temor paralizante a perder “algo”, a tener que encarar aún más incertidumbre en tiempos de tantas incertidumbres…

Y para no quedarme en conceptos difusos, estoy hablando de cómo afrontar situaciones concretas como la de no admitir tratos vejatorios “justificados” por las actuales dificultades laborales; de ser capaces de renunciar a relaciones tóxicas que no llevan a ninguna parte; de no obstinarse en pretender estar donde no se nos quiere; de plantar cara a la prepotencia de quienes “se crecen” ante la situación de necesidad de otros o, “simplemente”, de tener la dignidad de renunciar a una confortable y reconocida posición directiva cuando ya no estamos cómodos con nuestro rol o no sentimos como nuestro el que fue proyecto profesional de toda una vida…

La dignidad, como la amabilidad o el respeto, es una condición personal y tozuda, y se acaba mostrando, inevitablemente, en las decisiones que van conformando nuestra imagen pública y nuestra manera de vivir y, seguramente, también de morir.

Y por si alguien tiene alguna duda, creo sincera y rotundamente que es una gran suerte ser una persona digna; que no se puede sobrevivir inmune demasiado tiempo actuando “contra natura” y que a la larga, aunque a veces resulte duro y tan agotador como nadar contra corriente, nunca te arrepientes de las decisiones tomadas de acuerdo con tus valores y tu conciencia.

Jordi Foz

Por cierto, el hombre de la fotografía (¿qué pasaría por su cabeza en aquel momento?) se llamaba August Landmesser y podéis ver, pinchando aquí, lo que se sabe sobre su historia.

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