Texas.August 2012. J. FozEl pasado domingo me sorprendió gratamente una oferta de empleo directivo publicada en un diario de Madrid. Entre las competencias requeridas se incluía -siento no recordar las palabras exactas- la de algo así como “actitud de aprendizaje”.

Esta es una competencia poco considerada en general y muy poco demandada explícitamente. En cambio, la considero imprescindible y transformadora para un buen directivo o líder. Y estoy hablando, precisamente, del aprendizaje como actitud vital, mucho más allá de la capacidad intelectual de adquirir y manejar nuevos conocimientos.

La “actitud de aprendizaje” es una competencia personal que te permite decir “no lo sé” (como explicaba Víctor en su viñeta) con naturalidad y sin perjuicio de tu autoestima; que te predispone a escuchar, a preguntar, a aceptar, a aprender, a mostrar tu vulnerabilidad y a ser más “humano” y más cercano ante el resto de las personas.

Fred Kofman trata esta cuestión de forma muy clara, cuando clasifica a los profesionales entre “knowers” (que traduce por “sabelotodo”) y “learners” (aprendices): los primeros no son aquellos que lo saben todo; solo son aquellos que condicionan su autoestima a estar siempre en posesión de la “única” verdad, de “lo correcto”; pontificadores y críticos, siempre tienen la razón… Pero resultan ser extremadamente frágiles y “su ego es como un cristal: duro, inflexible y quebradizo”. Lamentablemente, son muy habituales en las organizaciones.

En cambio, el “directivo-aprendiz” basa más su autoestima “en el éxito a largo plazo que en la gratificación inmediata de tener la razón…”, lo que le permite un comportamiento mucho más relajado y natural, buscar explicaciones generativas que le muevan a la acción y centrarse en las variables sobre las que él puede actuar, favoreciendo de este modo una imagen pública más respetada, de mayor seguridad y autodominio. No está atenazado por la vergüenza de no saber ni por el miedo a equivocarse y no cree, evidentemente, que “vale tanto como lo que sabe”.

Personalmente, no tengo ninguna duda: desde mi reflexión y desde mi experiencia creo que la actitud de aprendizaje es una extraordinaria competencia individual y una potente herramienta de transformación, desarrollo y equilibrio personal.

Jordi Foz

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