colaboraciónCada día encuentro nuevas similitudes entre el mundo empresarial y el mundo educativo. Mientras que en entornos empresariales hablamos de colaboración, trabajo en equipo, co-working, co-creación, co-diseño etc., en el mundo educativo encontramos términos como co-aprendizaje, co-educación, aprendizaje colaborativo, aprendizaje cooperativo, comunidades de aprendizaje, etc. No son conceptos sinónimos, ni mucho menos, pero todos ellos tienen en común el hecho de colaborar para aprender, de aprender con otros. La educación es un fenómeno social y por tanto vamos dejando atrás su enfoque exclusivamente individual.

Casi todos estos términos de colaboración tienen que ver con experiencias intra-aula, metodologías aplicadas para el aprendizaje de los alumnos. Lo que resulta más difícil encontrar son experiencias de co-aprendizaje entre los docentes. Aprender “de” y “con” otros profesionales.

Sigue habiendo muchos “librillos”, aulas estanco con puertas cerradas a otros ojos. Y con ello, lo único que sucede es que desaprovechamos oportunidades de crecer, de hacerlo mejor, de probar otras formas, otros recursos, otras metodologías. De ser mejores docentes, en definitiva.

Como señala Alfons Cornella en su reflexión “30 ideas para el 2030”, la capacidad de las organizaciones para colaborar tiene mucho que ver con el tipo de personas que las integran.  Y es difícil introducir la cultura de la colaboración en las empresas cuando ni tan siquiera se nos enseña a colaborar durante nuestra formación como profesionales.

Añade que el problema básico de la colaboración es el incentivo. A la pregunta de “por qué debería colaborar”, la respuesta sintética y precisa que nos propone es: “mirando el futuro que viene, no tendrás otro remedio”.

Compartamos “librillos”. Y cuanto antes mejor.

Teresa Aranguren.

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