Bob AdelmanSelma es el relato emocionante y veraz de una historia conmovedora sobre la marcha  pro derechos civiles liderada por Luther King, en 1965,  entre las ciudades de Selma y Montgomery, en Alabama. Es difícil aceptar que apenas hayan pasado cincuenta años desde que el Presidente Lyndon B. Johnson promulgara la Ley del Derecho al Voto de 1965 que, teóricamente, ponía fin a la inconcebible discriminación en los derechos de los ciudadanos negros de los Estados Unidos (así se les denomina con toda normalidad a lo largo de la película).

Cuando una película contiene una historia tan potente, no es fácil abstraerse a ésta y centrarse en aspectos más técnicos y artísticos, pero desde el punto de vista formal y estético la película me parece una verdadera obra de arte, con una fotografía impecable y una realización comedida, sin estridencias, que va poniendo ante ti las cosas que suceden como si estuvieras asistiendo a un documental. Quizá un ritmo algo lento en los diálogos, con una recreación de atmósferas muy intimistas, pueda impacientar a algún espectador…

¿Lo que más me impresionó? Los actos despiadados y las expresiones de odio, sin matices, de los blancos racistas, policías o espectadores entusiastas de cualquier edad, que probablemente enmascaran el miedo y el desprecio más profundos; la absoluta ausencia de empatía, de humanidad, de piedad, de compasión, ante unas personas a las que agreden impune y salvajemente, quienes tenían la obligación moral y legal de protegerles… si es que los hubieran considerado ciudadanos, claro!

Tres últimos puntos para tratar de “autoacotarme”: 1) El increíble liderazgo de Martin Luther King que “rebosa” la pantalla y la historia. Nadie fue capaz de llenar ese vacío tras su asesinato en Memphis. 2) Es indiscutible el extraordinario avance en apenas cincuenta años, pero los últimos y reiterados sucesos en Estados Unidos (Ferguson, p.e.), nos recuerdan que, en esto también, se ha recorrido un largo trecho desde el punto de partida, pero que seguimos aún muy lejos de la meta, y 3) Al final, la película sólo ganó un Oscar a la mejor canción : Glory. Pinchad aquí y no os la perdáis…

Jordi Foz

Pd. De entre las innumerables y magníficas fotografías que podrían ilustrar esta viñeta, me he inclinado -no sin esfuerzo- por una de Bob Adelman, tomada en Selma ese mismo año de 1965. Por favor, ampliadla y observad con asombro las caras, actitudes y emociones que expresan tanto blancos como negros. No se me ocurre mejor alegato contra el racismo…

 

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