compartirLa reflexión de este viernes viene a cuento de mi reciente participación en la última edición del Master en Coaching de la Barcelona School of Management (Universitat Pompeu Fabra), en el módulo de Coaching de Equipos.

Cuando acabo mi colaboración, siempre dedico un tiempo a valorar la experiencia en su conjunto: por una parte, el valioso y generoso feedback de los alumnos que ofrece oportunidades de cambio y mejora y, por otra, trato de identificar qué emociones hemos vivido, cómo me han impactado y qué aprendizajes personales resultan de todo ello. Me parece un apasionante y necesario ejercicio de introspección.

Esfuerzo, responsabilidad, cansancio, confianza, vehemencia, interés, pasión, duda, respeto, temor, reconocimiento, gratificación… son sentimientos que pululan con mucha fuerza en el ambiente de ese sistema único que, en cada clase, componemos todos y cada uno de quienes compartimos ese espacio y ese tiempo. Y quiero detenerme, precisamente, en este último verbo que me parece que se cita bastante más de lo que se conjuga: compartir.

Al final siempre llego a la misma conclusión: compartir generosamente es para mi una de las actitudes vitales más potente y más gratificante.  Y como suele suceder con este tipo de conceptos “transversales” vale para cualquier situación: la enseñanza, la empresa, la familia, la amistad…

Una vez más, estamos ante una elección consciente de un modelo de relación determinando basado más en la disposición a compartir que en el viejo aforismo de “la información es poder”; más en la decisión de poner foco en la fuerza del  “nosotros” que en la debilidad del “yo”… ¿Cómo se puede trabajar en equipo sin la disposición a compartir? ¿Cómo se dirige o lidera a otras personas sin una voluntad leal y real de compartir?

Por eso me gusta especialmente el concepto -muy Vesper- de “crear espacios”; espacios de confianza para compartir aquello que consideremos oportuno: conversaciones, tiempo, experiencias, ideas, información, objetivos, emociones, visión… Compartir funciona. Funciona en la docencia, en el mundo de las organizaciones y, en general, funciona en toda la vida misma.

Jordi Foz

 

 

 

 

 

 

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