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Un día tomando un té, andaba dándole vueltas a un incidente personal reciente. Llevaba días en el barrillo de una conversación interna que me llenaba de ruido, desasosiego y cabreo, originada por una conversación previa con otra persona: “pues voy a hacer esto, voy a decir lo otro, y si me contesta esto……“. Total, que entre la una y la otra me estaban dando el té, cuando oigo en la mesa de al lado: “…¿pero es alergia o intolerancia?, ¿tienes que llevar kleenex o ponerte mascarilla?”. ¡Qué buena distinción para mis males!”, pensé.

La intolerancia suele cursar con algunas incomodidades, y la alergia puede terminar en urgencias. Ante una simple intolerancia, puede uno permitirse el lujo de exponerse al elemento que la causa sin esperar consecuencias persistentes. Con una alergia ya no se puede jugar, porque peligra la salud.

Desde entonces, cada vez que me atasco en alguna conversación, me pregunto: “¿es alergia o intolerancia? ¿resuelvo con un  estornudo interior o acudo a las “urgencias” de una conversación reparadora?”,… y me ahorro cantidad de chácharas.

Araceli Cabezón de Diego

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