Tiempo de vacaciones. J.FozPara los más afortunados es tiempo de vacaciones; de cambio en los escenarios cotidianos, en las rutinas, en la apariencia, en los roles profesionales.

De pronto, vuelve a ser el momento de aprender a manejar el tiempo libre, a sentirse bien sin hacer “nada” concreto en una sociedad que parece educar para estar siempre haciendo algo “útil”. Se reduce significativamente el número de estímulos recibidos por minuto que, además, cambian de naturaleza y de velocidad.

A veces, cuando se baja el ritmo drásticamente, puede aparecer una especie de “hórror vacui” y la ansiedad y el miedo a no saber qué hacer con ese tiempo ahora vacío que normalmente está tan ocupado… ¿Se puede añorar la comodidad de la rutina?

Pero aparecen también nuevas oportunidades de compartir el tiempo, los espacios, los juegos, los paseos, las conversaciones… con personas que habitualmente no pueden ocupar todo el espacio y tiempo que nos gustaría.

Y surgen, como un tesoro por descubrir, esos momentos de soledad que toda persona necesita,  aunque muchas no lo sepan y muchas otras los teman: un tiempo de silencio en el que uno se descubre solo, pensando y preguntándose sobre uno mismo; un tiempo de introspección serena, de meditación, de relajación, de reflexión sincera y sin prejuicios; de dejar pasar el tiempo sin remordimientos ni criterios de “rentabilidad”… Estímulos imprescindibles para nuestro cerebro y nuestro equilibrio, y que la vorágine del día a día no hace fáciles ni habituales.

Ojalá quienes tenemos el privilegio de un tiempo de vacaciones, seamos capaces de valorarlo como se merece, de acompasar nuestro ritmo vital, de saber escuchar, de querer comunicar,  y de encontrar esos momentos de conexión enriquecedora con otros y, sobre todo, con nosotros mismos.

Jordi Foz

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