Maria AltmannCon este nombre rebautizaron las autoridades nazis la pintura de Gustav Klimt, “Retrato de Adele Bloch-Bauer”, en un intento de ocultar el origen judío de la familia austriaca a la que le había sido robada.  La película fue estrenada en abril en Estados Unidos con el título de “Women in gold” y narra el caso real de María Altmann, sobrina de Adele y residente en ese país desde que consiguiera huir de la Viena nazi.

Una historia fascinante y poco conocida en la que se relata el largo proceso iniciado por María para conseguir que el gobierno austriaco devolviera esta y otras obras, también de Klimt, expoliadas a su familia.

En general, la película no ha tenido las mejores críticas profesionales. Todas coinciden en el extraordinario trabajo de la protagonista, Helen Mirren, pero también lo hacen en la aparente simpleza de un guión que no acaba de explotar todas sus posibilidades; en un exceso de maniqueísmo y cierta tendencia a provocar la emoción fácil del espectador.

En cambio, los comentarios de los propios espectadores, a los que me sumo, son más positivos: considerando que se trata de un largo y farragoso proceso judicial el relato mantiene el ritmo y el interés en todo momento, recrea perfectamente los escenarios y ambientes del pasado y, efectivamente, dentro de la mesura y sin estridencias, contiene momentos muy emotivos… ¿Cómo no emocionarse ante los sentimientos de dolor, angustia y nostalgia de una anciana que acepta regresar a la Viena de su infancia y juventud, sesenta años después de haber tenido que huir dejando atrás todo su mundo?

Se puede hablar de valores como la persistencia o la justicia pero, en mi opinión, uno de los mejores aprendizajes de esta historia está relacionado con las habilidades de negociación, con las competencias necesarias para mantener conversaciones que faciliten acuerdos, con la interferencia demoledora de las pasiones sobre las razones… Si veis la película os recomiendo mucha atención a la actitud del gobierno austriaco ante la “negociación” y al resultado final de su prepotencia. Durante el proceso existen varios momentos en los que el acuerdo parecía fácil. Sólo hacia falta algo que, por lo que se ve, resulta extremadamente difícil: “reconocer el error”, honrar a la otra parte y mostrar un mínimo interés, real y leal, en considerar también su punto de vista.  Al parecer, hay cosas que nunca cambian…

Jordi Foz

(En la fotografía, la auténtica María Altmann y una mirada que lo dice todo…) 

 

 

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