PendientesLa lectura de este interesante artículo de Luisgé Martín, en el País Semanal, me provocó nuevas reflexiones sobre viejas cuestiones.

La tesis es que la actual capacidad de medición de la tecnología, en todos los ámbitos cotidianos, nos permite prever, entre muchas otras materias, “las cosas que tendremos tiempo de hacer el resto de nuestra existencia”… ¿No resulta algo inquietante?

Me sentí especialmente “touché” cuando habla de la capacidad de lectura versus la incorporación inevitable de nuevos títulos al montón de pendientes;  de una especie de saldo de lectura, de entradas y salidas, y de la consciencia “de que las páginas de muchos volúmenes se quedarán sin despegar”…

Parece evidente que la vida, cada día literalmente, nos ofrece nuevos estímulos, alternativas y posibilidades. Y parece también que, con la misma persistencia, seguimos viviendo como si fuéramos a vivir eternamente.

Así que me resulta absolutamente pertinente una reflexión sobre la finitud del tiempo y sobre qué actitudes podemos adoptar… si es que queremos adoptar alguna en particular, claro. Mi propuesta es más sencilla de explicar que de practicar.

Primero: decidir, optar, elegir, arriesgar, priorizar sobre qué es lo que quiero que vaya antes o sencillamente sobre lo que más deseo. Cuantas más alternativas tenemos, y a veces son incontables, más posibilidades de bloqueo en esa capacidad de “decidir” que hoy en día es imprescindible, pero que se oxida si no se practica.

Segundo: “no dejar pasar ni una”; ni una sola oportunidad razonable (o no) de hacer lo que sea que deseemos hacer. El tiempo es finito y, afortunadamente, no hay manera de saber aún cuánto es el nuestro.

Para acabar, quiero resaltar el magnífico párrafo final acerca de que la tecnología “nos ayuda empecinadamente a comprender que la vida es un suspiro o un terrible desperdicio” Plenamente aceptada la primera de las dos opciones y resuelto a no sentir la desolación que supone la segunda, me he propuesto leer más (o no sé si más rápido), pero no voy a dejar de seguir comprando libros por mucho que se me amontonen.

Jordi Foz

 

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