Ídolos-con-pies-de-barro1La familia Bélier“, película francesa del año 2014, dirigida por Eric Lartigau, me resultó grata, divertida y emotiva. En mi opinión, merece la pena verla. Habla de muchas cosas: de los vínculos de la familia, de la retadora etapa de la adolescencia, de los primeros amores, de las distintas maneras de mirar la discapacidad y de los límites reales e imaginados.

Y también habla de talento. La protagonista, una chica de 16 años, tiene la gran fortuna de descubrir que canta muy bien y que disfruta haciéndolo (utilizando la terminología de Ken Robinson, diríamos que descubre “su elemento”).

Hay dos aspectos de su descubrimiento que quiero destacar: por un lado, el hecho de que era un talento imposible de detectar y de valorar por su entorno cercano y por eso, con 16 años, aún no se había dado cuenta de que cantaba bien. Y por otro, que ese descubrimiento le enfrenta a la decisión de alejarse de quienes más quiere y “dejar un hueco” en su familia, en este caso no sólo emocional.

¿Os suena? Cuántas veces el talento pasa inadvertido en las empresas, simplemente porque quienes rodean a la persona no tienen la capacidad de detectarlo. Y cuántas veces, por miedo a dejar huecos en algunas partes de la organización se cierra el paso al desarrollo de personas que podrían brillar en otros puestos. La versión más cruda es la de los “jefes” que tapan el talento para no perderlo para su equipo.

Uno de los retos de liderazgo más importante en empresas cuya competitividad está basada en el conocimiento y la aportación de sus personas, es precisamente la capacidad de detectar el talento y de crear condiciones para que se desarrolle, incluso cuando eso implica que volará a otro lugar (recomiendo la escena).

Ane Agirre

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