ConvivirNo se puede vivir sin miedo pero tampoco instalados en él. Es un mecanismo de alerta y de defensa, pero no podemos dejar que se convierta en una emoción tóxica que solo genere sentimientos de ira, de odio, de frustración y desconfianza…

El miedo existe desde que existe el mundo. La diferencia, probablemente, es que en el tiempo que nos ha tocado vivir la información ya no es monopolio de algunas clases o estrategias, e irrumpe en nuestra vida diaria incontenible, descarnada, sin apenas filtros, en un aluvión de estímulos que desafían constantemente nuestro estado de ánimo.

Por eso, esta viñeta no va de “el miedo” (del que ya hablamos en otra ocasión) sino de cómo convivir con el miedo… sin dejar de estar en este mundo! Evidentemente, no tengo ni idea de cómo se hace, pero sí estoy convencido de que es imprescindible intentarlo siempre. Acotar nuestro miedo, afrontarlo y aprender a convivir con él. Seguramente, creando, recreando, compartiendo, disfrutando de proyectos y momentos de… ¿normalidad? Tampoco sé si es esa la palabra adecuada, pero espero que se entienda: normalidad frente a miedo.

Pese a todas las cosas que suceden en las que no podemos influir, existen espacios, tiempos, ilusiones, emociones -en soledad o compartidos- a los que no podemos renunciar. Son nuestros espacios, nuestras rutinas, nuestra cotidianidad, nuestros deseos irrenunciables; ahí donde habita nuestra libertad, donde cada día convive nuestro miedo con nuestra esperanza.

Jordi Foz

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