TokioLa definiría como un “cuento delicioso”. El arte de la elaboración de la pasta de judías, ingrediente indispensable en el dorayaki, uno de los pasteles clásicos japoneses, le sirve a la directora, Naomi Kawase de hilo conductor para ofrecernos un relato íntimo, pausado y delicado.

Sentaro es el humilde dueño de una panadería especializada en hacer dorayakis que se encuentra con Tokue, una amable y dulce anciana. Tienen en común, con otro tercer personaje, vidas que supuran melancolía y soledad. Nos emocionan con su fragilidad y nos reconfortan.

Es un relato con muchas lecturas. La relación con la naturaleza, el presente, la aceptación de la muerte, la integración del diferente, el valor de las tradiciones…

Y yo elijo el mensaje de “dar sentido”. Y recuerdo las palabras de Josep María Esquirol, “hay una especie de gozo implícito en hacer bien las cosas”. Porque es en la cotidianeidad, en nuestros gestos con los que nos rodeamos, donde podemos encontrar mucho sentido a nuestros actos. Y en definitiva, encontrar sentido a nuestra vida.

Disfrutad de la película y no os perdáis la última escena. Os invito a “escuchar” la corporalidad, emoción y expresión de Sentaro y después, a hacerlo con la vuestra 😉

Teresa Aranguren

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