Externalizando la concienciaUna compañía aérea que decide cobrar 60 € a quienes quieran presentarse a un proceso de selección; la carta de una becaria al Director del diario La Vanguardia, relatando su desesperanzadora experiencia en una “gran empresa”; un reportaje en El País sobre las inhumanas condiciones laborales de las limpiadoras de ciertos hoteles de lujo que han externalizado (“optimizado”) el servicio…

A veces se produce una desoladora acumulación de noticias que sacuden el estado de ánimo del más optimista. Un hilo imperceptible parece unir esas situaciones: las tres suponen un abuso perverso, injustificable e innecesario sobre personas necesitadas.

Una vez más, los tan invocados “valores” parecen no superar el difícil tránsito desde el papel y la declaración hasta la acción; no consiguen convertirse en una oración con sujeto y predicado.

Y en estos casos siempre me pregunto cómo habrá sido la secuencia de esas decisiones: alguien ha tenido una “gran idea” y ha propuesto una medida “optimizadora” y alguien, con autoridad para ello, alguien responsable de ejercer algún tipo de liderazgo la ha permitido, seguramente acompañada de  felicitaciones y entusiasmo.

Y entremedio, ¿qué pasa con los valores de las empresas o de las personas que han colaborado, por acción o por omisión, a hacer el mundo un poco peor? ¿Influye, condiciona, impacta en las personas y en la sociedad la calidad del liderazgo? ¿Y qué pasa con nuestros jóvenes? ¿Qué están aprendiendo? ¿Quiénes y cómo les están enseñando a decidir? ¿Qué tipo de decisiones tomarán en el futuro? ¿Cómo tratarán ellos a sus becarias?

Jordi Foz

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