Lord Jim

 

 

Lord_JimEn estos días de Semana Santa, me viene a la memoria una película de expiación: la estupenda Lord Jim, que Richard Brooks dirigió, basada en la novela homónima de ese escrutador del alma que es Joseph Conrad.

En este relato de caída y redención Jim es un idealista oficial de la marina británica que sueña con protagonizar nobilísimas aventuras de mar y tierra. Persiguiendo su propósito se enrola como primer oficial en el Patna, un barco-ataud muy deteriorado que transporta peregrinos musulmanes a la Meca. En un momento dado el barco hace aguas, y Jim, en un acto de cobardía, salta del barco junto con su capitán, abandonando a los pasajeros a una muerte casi segura.

Mientras huye hacia el Este, tiene noticia del rescate del Patna, y decide volver al continente a  confesar su culpa a la justicia.  Sometido a juicio, la corte le revoca su certificado de navegación. Jim ha recibido su castigo, pero eso no le hace sentirse redimido. La expiación impuesta desde fuera no es suficiente, y comienza una huida del mundo y de sí mismo, hasta que desemboca en la ficticia isla de Patusan habitada por malayos, sometidos al horror y la dictadura de un señor de la guerra occidental. Allí nadie conoce la culpa de Jim, pero él si, y no consigue esconderse de ella. Sin embargo, esa estancia en ese lugar apartado, donde nadie tiene referencias de él, le permite comenzar de nuevo y dar forma al ideal ético de vida entregada, heroica y generosa que llevaba en las venas. Se enamora de una buena y bellísima mujer, es querido por los habitantes de la isla y según Conrad, por momentos llega a estar “casi” satisfecho; le llamaban lord (Tuan) Jim.  Pero, a punto de casarse,  las circunstancias de la isla y comercio pirata de los alrededores, le ponen ante una decisión difícil que pone en peligro a todos los habitantes de la isla, y ocasiona la muerte del hijo del jefe de la comunidad. Y esta vez, no salta del barco: asume su culpa y decide salvarse, brindando su vida al jefe de la comunidad , como expiación por la pérdida que le ha causado. En palabras de Conrad, “Abandona a una mujer llena de vida, para celebrar su implacable boda con un fantasma: el ideal de conducta que a sí mismo se trazó”.

Siempre que la veo, llego al mismo sitio: de poco valen los castigos externos, las expiaciones impuestas, los perdones de otro, si uno siente que ha traicionado sus valores nucleares. Hasta que uno mismo no encuentra la forma de perdonarse o expiar, no se halla la paz, no queda uno redimido.

Mirando al  mundo de la empresa, pienso que las evaluaciones y los feedback de los demás nos ayudan mucho, pero ayuda mucho más saber cuáles son nuestros valores nucleares, cómo casan con los de la organización, cuáles serían para uno las consecuencias de traicionarlos, y aprender a redimirse desde dentro, con independencia de juicios externos.

Araceli Cabezón de Diego

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Sitio web ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: