untitledEn Sicario, Benicio del Toro interpreta a la perfección a un “asesor” del gobierno norteamericano que asesina con una frialdad y un pragmatismo que impresiona y hace pensar.

Mientras la veía recordaba las viñetas de Araceli y Jordi en las que escribían sobre la banalidad del mal, y otras películas donde aparecían personajes que ejecutaban “sus tareas” con una eficacia que por raro que parezca, me fascina.

Un conductor sin nombre (Ryan Gosling) en Drive, Dheepan (Jesuthasan Antonythasan) en Dheepan  o Anton Chigurh (Javier Bardem) en No es país para viejos, son otros 3 claros ejemplos de personas que persiguen a sus víctimas sin términos medios, sin un rastro de empatía o compasión. Hacen su trabajo…y lo hacen bien.

¿Cuántas veces hablamos en las empresas de la búsqueda de la eficacia, del trabajo bien hecho? Provocando un poco, podríamos decir que las organizaciones necesitan personajes malos…o al menos “protagonistas” que dispongan de 2 de sus características: claridad en el propósito y convicción firme y sin fisuras para alcanzar el objetivo.

¿Buscamos a esos malos de película?

Oscar Garro

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