Directivos que descarrilan

via-trenHace ya varios años, en unas Jornadas sobre Liderazgo Estratégico, oí por primera vez el concepto de “descarrilar” referido al ámbito profesional y en particular al del Liderazgo.

La reflexión giraba en torno a las razones por la cuales algunos directivos avanzan en su camino hacia el éxito, mientras que otros, sencillamente, “descarrilan”; es decir, se salen de la vía, o se quedan en una vía muerta, apartados, arrinconados cuando no directamente “democionados”, en un proceso a veces lento y no evidente a simple vista pero irreversible,  del cual, curiosamente, apenas llegan a ser conscientes los propios afectados.

El buen liderazgo es un arte muy difícil y complejo y parece lógico que también lo sea el llegar a conclusiones muy concretas sobre sus debilidades y fortalezas. No obstante, parecen existir algunas pautas de comportamiento que están presentes y se reiteran en las mejores o peores prácticas. En los directivos que descarrilan, entre muchas otras, es casi inevitable encontrar las siguientes:

  1. Carencias en la gestión de las relaciones interpersonales, no sólo con sus colaboradores.
  2. Dificultad para trabajar en equipo y aprovechar las capacidades de sus miembros.
  3. Incapacidad para asumir la necesidad de cambio y de adaptación constantes y elusión de espacios de mejora y aprendizaje.
  4. Poca resistencia a la presión de los resultados y de los problemas. Ausencia de empatía.
  5. Incapacidad para “entender” y asumir su propia imagen pública (por arrogancia, aislamiento, inseguridad…). Muy relacionado con lo que Goleman denomina “autoconciencia” y con el famoso aforismo griego “Conócete a ti mismo”…

Cuando se dan estas carencias, la organización y sus personas van actuando en consecuencia y conformando una determinada idea e imagen del directivo, de la cual él no es consciente porque nunca recibe un feedback sincero, ni facilita las condiciones para que exista, ni genera conversaciones fluidas ni relaciones de confianza.  Es un proceso “perverso”, a cuyo final, después de un período de aislamiento en su propia burbuja, el directivo en cuestión puede encontrarse “fuera de la vía” y, lo que es peor, sin la capacidad de explicarse ni de entender nada de lo que le ha sucedido.

Jordi Foz

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