Traducciones I

lenguas2Los griegos pensaban que la forma de hablar de los demás pueblos no era lengua. La palabra griega βάρβαρος (barbaroi) derivaba de una onomatopeya que imitaba el sonido de los no-grecoparlantes (como si éstos fueran uno solo),  y  significaría algo así como “el que no habla”.

Más de 7000 años después tenemos repertoriadas casi  7000 lenguas distintas vigentes en el mundo (6912 si fuera posible ser exactos). Reconocemos como lenguas las que se hablan en otros países  distintos al nuestro y estamos seguros de que los habitantes de otros lugares sí saben hablar, por raros que nos parezcan su sonidos o sus estructuras.

Pero pasar del reconocimiento de colectivos al reconocimiento de individuos….¡es otro cantar! El mismo  código lingüístico, el mismo significante, la misma palabra, tiene casi tantos significados como individuos la utilizan.  A cada significado del diccionario le superponemos nuestra experiencia individual, nuestro contexto cultural, nuestro mundo de creencias personales y colectivas. Y eso hace que muchas veces reputemos al otro como barbaroi, simplemente porque no atribuye a una palabra el mismo significado que nosotros… y en vez de escucharle para descodificar, le traducimos a nuestro código o nos quedamos tan anchos pensando que no sabe hablar.

…una vez más, esto de  conversar tiene que ver sobre todo, con aceptar y escuchar.

Araceli Cabezón de Diego

 

 

2 comentarios sobre “Traducciones I

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  1. ojo, que en el reconocimiento colectivo también falta mucho, ¿eh?

    “Reconocemos como lenguas las que se hablan en otros países distintos al nuestro”… ¿es que en el “nuestro” se habla sólo una?

    si hay 7.000 lenguas y 200 estados/países, no parece que pueda haber muchos países donde se hable una lengua única.

    que cada país empezara a reconocer su propio plurilingüismo ya sería un importante avance.

    vaya que si lo sería…

  2. Dices: “…una vez más, esto de conversar tiene que ver sobre todo, con aceptar y escuchar.”
    Totalmente de acuerdo, tiene que ver con aceptar y escuchar y con intentar buscar el valor añadido del otro, un valor distinto al mío, complementario y enriquecedor.

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