Gernika, 26 de abril de 1937

Gernika, 26 de abril de 1937

Hace unos días fui a ver Gernika. Estaba deseando que se estrenara. Una historia que contar y un buen director presagiaban una buena película. Sin embargo, bajo mi punto de vista, un deficiente guión la han convertido en una oportunidad perdida.

Es cierto que me entretuve reconociendo lugares y me emocioné recordando la barbarie que supuso ese bombardeo indiscriminado. Después de casi 80 años, como cada vez que veo el cuadro de Picasso, lo sentí muy “cerca”, como una acción que si se repitiera, condenaría y combatiría con todas mis fuerzas. ¿Cómo no?

People inspect a damaged site after airstrikes on the rebel held Tariq al-Bab neighbourhood of Aleppo Syria September 23 2016 REUTERS Abdalrhman Ismail

Alepo, cualquier día entre 2012-2016

A más de 4.500 kilómetros de distancia, una guerra que ya dura 5 años, nos deja imágenes de una ciudad completamente destruida que recibe bombardeos día tras día y que cuenta por miles los muertos. Casi nos hemos acostumbrado a titulares como este de anteayer “Unicef denuncia que hay 96 niños muertos y otros 223 heridos en Alepo desde el viernes“. Parece que lo sentimos “menos”…

Emma Seppälä, psicóloga de la Universidad de Stanford lo define como una “brecha de empatía“: “es natural sentir más compasión por desastres que afectan a personas y lugares semejantes, cercanos a nosotros o que nos resultan familiares“. Comparto la perspectiva.

No obstante, se me ocurre otra. Tomar consciencia cada vez que leemos o escuchamos noticias de otro bombardeo y pensar qué haríamos si estuvieran ocurriendo a nuestro lado. Poco a poco vamos reduciendo otras brechas que en alguna época nos han parecido inevitables  y ésta, aunque nos duela menos, también es nuestra.

Oscar Garro

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