grises         Entre las innumerables cosas que nuestra civilización le debe a Platón, sospecho que hay una que nos produce no pocos problemas. Me refiero a ese modelo mental binómico de alma/cuerpo, blanco/negro, bueno/malo, hombre/mujer.

He ido haciendo esa reflexión con motivo del incesante incremento de siglas en un acrónimo que en estos días utilizamos para proteger los derechos de las llamadas minorías sexuales. Al “hombre y mujer los creó” del Génesis se añadieron los gays, siguieron las lesbianas, luego se unieron transexuales y bisexuales y después aparecieron los intersexuales; y eso que al abanico LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales) le faltan las siglas relativas a heterosexuales femeninos y masculinos….Todos  ellos estamos aquí, aceptados o no, nombrados o no…

Así, que más vale nombrar y aceptar esas diferencias, y evitar pensar a nuestras organizaciones en términos dicotómicos. Porque el mundo es sobre todo un continuo de matices entre dos polos. Hay pocas decisiones que sean clarísimas de tomar, pocas cabezas que sólo sean estrategas o sólo tácticas, pocos procesos íntegramente eficaces o enteramente inútiles y sobre todo, pocas personas que sean totalmente tóxicas o absolutamente beneficiosas. Ser capaz de encontrar el matiz dentro de ese continuo, puede aliviar tensiones y ayudar a construir climas de posibilidad.

Araceli Cabezón de Diego

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