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Casi finalizada nuestra estancia en Barcelona en las últimas jornadas Vesper, Araceli me convenció para visitar un lugar que me dejó impresionado. Fueron 20 minutos. No teníamos mucho tiempo pero decidimos “entrar” a visitar el Pabellón Alemán, diseñado por Mies van der Rohe para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y reconstruido en 1986.

Y digo entrar por decir algo porque en realidad, se trata de un espacio semiabierto que puedes observar desde fuera; de hecho, muy cerca jugaban unos niños que corrían y gritaban sin parar.

11282743_718481658273921_106232662_nA pesar de ese ruido, paseando por el pabellón, sientes una paz y un silencio muy especial que bajo mi punto de vista, solamente es posible gracias a la simplicidad del diseño y a la extremada belleza de lo poco que hay. Tan es así, que Alfonso XIII cuando inauguró el espacio, preguntó extrañado si todavía no estaba terminado…

Además de disfrutarlo, me sirvió para reconfirmar que casi siempre, menos es más y que cuando añadimos compulsivamente elementos y contenido a un discurso, presentación o producto, estamos sirviendo más a nuestro ego o inseguridad que a quienes teóricamente son nuestros destinatarios.

La clave está en quitar, en reducir hasta la mínima expresión para que todo encaje y para lograr transmitir tu mensaje con eficacia y belleza.

Oscar Garro

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