“Does the word ‘Persons’ in Section 24 of the British North America Act, 1867, include female persons?”

Esta escultura está en el parque del Parliament Hill, en Otawa. La fotografié hace dos años cuando pasé un mes en esta agradable e interesante ciudad.

Algún día, un grupo de mujeres tuvo que preguntar al Parlamento de su país, si cuando la ley decía “personas” se estaba incluyendo a las mujeres. Algún día, muchas mujeres tuvieron que pelear durante años, para cambiar la ley que no nos permitía votar. Algún día, hubo mujeres que se tuvieron que hacer pasar por hombres para poder ir a la universidad. Algún día, hubo que analizar las diferencias salariales en las empresas, para llegar a la conclusión de que ganábamos menos ocupando los mismos puestos. No hace tanto tiempo que todo esto era vivido como “normal”.

Y todavía hay niñas en el mundo que no se escolarizan, mujeres que son maltratadas y asesinadas por sus parejas porque deciden no someterse, dificultades para acceder a puestos de responsabilidad en las empresas, una distribución desigual de las tareas del hogar, y muchas actitudes pequeñas, sutiles, difíciles de comentar sin ser tachadas de “exageradas”, que nos ponen a las mujeres en planos de inferioridad.

Me declaro feminista desde el momento en que constato que las mujeres no somos iguales en derechos y libertades. No me hace falta recurrir al pasado ni a otros países y culturas para decir que aún queda camino por recorrer. Con mirar alrededor, me vale.

¿Lo positivo? que hay cosas que ya no nos parecen “normales”, que estamos recorriendo un camino, que cada vez más hombres se declaran “feministas” sin ningún complejo, y comparten la idea radical de que no tiene sentido que no convivamos “en igualdad”.

Hay tanto para ganar…

Ane Agirre

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