En anteriores viñetas he declarado interés por los aspectos gramaticales que ayudan a clarificar el discurso. Algunas personas (la familia ¡ya se sabe!) me tildan de nazi-gramatical; yo sin embargo me califico de conservadora-gramatical, actitud que revelo en mi negativa a sobrecargar los textos con lo que considero una distractora diversificación de género en los sustantivos, adjetivos, artículos y pronombres (las partes de la oración susceptibles de variación generonumérica). En su lugar prefiero utilizar el genérico y tragarme la injusta asunción del ser femenino en la forma masculina de dicha característica (ej. los directivos, para referirse a directivas y directivos).

Sin embargo una cosa es asumir sin protestar la faena ontológica manifiesta en la forma masculina del genérico y otra cosa muy distinta que una admita que el mundo son “los hombres” (o sea los machos) y desde ahí, o sea, desde ellos  se explique todo lo demás. Esta incomodidad sentida muchas veces,  reverdece hoy  en mí gracias a  la controvertida  frase vertida por el señor Dijsselbloem, quien desde su cargo de presidente del eurogrupo declara en una entrevista : “Como socialdemócrata….. No puedo gastarme todo mi dinero en licor y mujeres y a continuación pedir ayuda.…” La prensa lo ha puesto a caldo porque se refería al descontrol del gasto de los países del sur de Europa, y lo han tildado de racista y machista, por supuestamente aludir a la afición a la prostitución de los países sureuropeos con eso de gastarse el dinero en mujeres.

Servidora  lo considera muy desafortunado como declaración pública, pero lo que de verdad me intriga es la extraña alternativa que plantea su frase. Si decimos que no podemos gastarnos el dinero en licor y mujeres, asumimos que los europeos del sur lo están gastando en vino y mujeres. Lo del vino tiene un pase (¡mediterránea que es una!), pero en mujeres….Yo soy mujer y no me lo gasto en mujeres, y no sé si existe prostitución femenina para lesbianas. O sea que o a) las mujeres del sur son todas lesbianas y gastan su dinero en otras mujeres prostitutas, al igual que sus varones, o b) en el sur (o quizá en el universo) solo existen los hombres y las mujeres serían otro objeto de consumo equiparable al vino.

¡Qué disparate! ¿no?……pues como éste ¡¡¡miles!!!:  discursos, declaraciones, anuncios de televisión, textos, y ni nos enteramos, pero ahí queda. En una ocasión me permití una prueba en una intervención ante un grupo de empresarios convocados por un cliente. Utilicé el mismo estilo que nuestro amigo europeo y comencé a poner los ejemplos desde el universo femenino como si fuera “el” universo: lo que pasa cuando tu novio aplasta el tubo de dientes por aquí, lo que ocurre cuando alguien hace una observación sobre tus tacones….Duré una hora hasta que uno de los varones presentes se levantó y manifestó públicamente su incomodidad. Se lo agradecí inmensamente y le hice ver que así nos sentimos las mujeres a diario.

¿De verdad tenemos necesidad de sufrirlo?

Araceli Cabezón de Diego

 

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