Me han gustado mucho las 3 temporadas de Black Mirror, una serie de televisión británica con capítulos provocadores, crudos, sorprendentes y hasta en algún caso, espeluznantes. Sin embargo, si tuviera que definir sus capítulos con un adjetivo sería: inquietantes.

La ciencia, la tecnología y el futuro están muy presentes y su creador, Charlie Brooker, consigue transmitir que si no tenemos cuidado, lo que estamos interpretando como ciencia ficción, lo podemos vivir “en 10 minutos”. El éxito de la serie radica en que, una vez que la has visto, empiezas a reconocer situaciones de la vida real que podrían “ser de Black Mirror“…

Lo que ayer nos parecía imposible o exagerado, hoy lo vivimos con absoluta naturalidad. Nuestra capacidad de sorpresa está desapareciendo y la vertiginosa velocidad de los cambios nos puede pillar despistados.

Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, creador de Hyperloop y presidente de SolarCity, afirmó en  julio del año pasado que “la inteligencia artificial nos dejará muy atrás. Podríamos convertirnos en mascotas de las máquinas“. El Da Vinci del Siglo XXI, de todo menos despistado, registró ese mismo mes la compañía Neuralink, un proyecto para conectar el cerebro a un ordenador añadiendo una “capa” de inteligencia artificial a nuestra propia inteligencia. Ni me imagino dónde están los límites de este proyecto pero estoy convencido de que no tendremos que esperar demasiado para “disfrutarlo”.

Dicen que Elon Musk duerme muy poco. Me pregunto en qué estará pensando ahora mismo…

Oscar Garro

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