¿Cuántas veces hemos leído los comentarios sobre un artículo y hemos alucinado con su contenido y con las (horribles) formas?

Una mal aplicada libertad de expresión convierte la riqueza de la conversación virtual en un pozo de insultos y descalificaciones que nada tienen que ver con lo que el autor quería compartir.

La sección de tecnología de una emisora pública noruega NRKbeta ha tomado cartas en el asunto. Ha decidido que antes de que puedas comentar una publicación, debes responder a un cuestionario online con tres preguntas relacionadas con su contenido. Si las aciertas, podrás comentar y participar en la conversación; en caso contrario, tendrás que buscarte otro lugar para “trolear” y airear tus represiones.

Una buena idea de un país – Noruega – que por sexto año consecutivo, se ha situado a la cabeza de los países más democráticos del mundo (9,93 sobre 10) pero que no confunde “churras con merinas”.

¿Y si en vez de hablar de comentar online lo hacemos de votar? ¿Y si para poder votar fuera obligatorio leerse los programas políticos o los argumentos de una consulta relevante? ¿Estaríamos hablando ahora de Trump o del Brexit?

Pasado mañana comprobaremos si podemos seguir hablando de liberté, égalité, fraternité…

Oscar Garro

Anuncios