Escuchar de verdad

Se cumplen 60 años del estreno de “12 Angry Men“, un clásico dirigido por Sidney Lumet que destaca por sus magníficas actuaciones y sus magistrales diálogos.

Además de ser una obra maestra, la película es un tratado sobre liderazgo e influencia, sobre cómo distinguir entre hechos, opiniones y juicios, y sobre el poder de la escucha.

En la escena de la votación inicial, once de los doce jurados levantan la mano con el veredicto de culpabilidad para el presunto asesino pero el jurado número 8 (Henry Fonda), defiende la inocencia del acusado. Esos once hombres sin piedad, sorprendidos, no se cuestionan la decisión ante unas supuestas pruebas irrefutables. En ese tenso momento, se produce la siguiente conversación:

  • Jurado n.10: “Bueno, ¿y ahora que hacemos?“.
  • Jurado n.8:  “Tendremos que hablar…”
  • Jurado n.7: “Estoy totalmente convencido. No me haría cambiar ni aunque hablásemos cien años“.

Esta última “sentencia” podría haber sido la declaración de algún político estas últimas semanas. Afirman sin rubor que están abiertos a dialogar pero que en ciertas cuestiones, no están dispuestos a cambiar de opinión bajo ningún concepto.

¿De verdad quieren conversar? ¿Es posible descubrir con el otro nuevas soluciones o resolver desencuentros de gran calado si la escucha está tan comprometida?

Bajo mi punto de vista, no. Si quisieran conversar para buscar un punto de encuentro, necesitarían escuchar abiertamente para entender al otro como legítimo otro y, con la libertad de mantener su posición, tener la disposición de transformarse o de cambiar de opinión. Me temo que están muy lejos de eso y así nos va.

El jurado número 7 también estaba lejos pero acabó convencido de que no había pruebas suficientes para enviar al acusado a la silla eléctrica. Fuera de la pantalla, no soy tan optimista. Espero que en los próximos días al menos el sentido común y el respeto sí sean de verdad.

Oscar Garro

2 comentarios sobre “Escuchar de verdad

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  1. Hola Oscar,

    Tu reflexión es una buena disculpa para reflexionar sobre la diferencia entre lo que se dice lo que se hace.

    Cuando hablamos de estar dispuestos a dialogar, me da la impresión que solo estamos dispuestos a hacerlo para convencer a la otra parte de mis puntos de vista … pero no para escuchar los suyos y ver si hay puntos de encuentro.

    Lo que estamos asistiendo hoy en Cataluña es un desencuentro de políticos mediocres por una y otra parte. Menos mal que esta generación no la tuvimos en la Transición porque posiblemente aún estaríamos en las “trincheras”.

    Me da la impresión que para escuchar de verdad, hay que tener un mínimo de inteligencia y sobre todo mucha generosidad.

    Un abrazo y muchas gracias por vuestras reflexiones.

    1. Sí Jesús Mari, muy triste…
      Y me quedo con lo de la generosidad. Con tanta mediocridad, como para esperar que alguno se acuerde de eso.
      Gracias a ti por seguirnos y por compartir con nosotros tus valorados comentarios.
      Un abrazo.
      Oscar

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