Navidad 2.0

Arin; ese es su nombre. Un cachorro que abandonaron al nacer, que llegó a casa en Marzo en acogida temporal y…se ha quedado. Llegado el momento, no fuimos capaces de dejarle marchar y lo adoptamos.

Ésta va a ser su primera Navidad, y nos enfrentamos a una situación crítica, en la que va a ser imposible mantener lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Irrumpe un arma de destrucción masiva, que no deja títere con cabeza, y no en sentido figurado.

En una viñeta anterior (“El nuestro”) ya os conté el gran despliegue decorativo del que hacemos gala en casa en estas fechas, donde nos venimos arriba y no dejamos un solo rincón sin iconografía navideña. Vamos, un auténtico festival para Arin, que hasta tendría dudas para decidir el orden en el que ir destrozando todos los adornos.

En la colocación seguimos, además, una especie de ritual y tradición ancestral, mantenida desde que mis hijos eran pequeños. No voy a ocultar que, a lo largo de estos años, hemos hecho pequeñas micro innovaciones -un pastorcillo aquí, un elfo allá-, e incluso hemos tenido que afrontar situaciones complicadas, como fue el cambio de sede social, cuando nos mudamos de vivienda y hubo que emprender una gran reestructuración en nacimiento, árbol y asimilados.

Pero nunca nos habíamos tenido que enfrentar a una catarsis decorativa navideña de estas proporciones. Nunca un Papá Noel 2.0.

Los rituales y tradiciones nos hacen sentir cómodos, nos dan seguridad; la tranquilidad que da poder prever el resultado. Pero, de cuando en cuando, hay que dar un paso y salir de la zona de confort. Agitarse. Cuestionar los principios desde la base. Olvidarse de reinventar y rediseñar. Pasar a inventar y a diseñar. Mirar con ojos nuevos.

Haciendo esto incluso uno descubre que, lo que antes eran limitaciones -figuras de belén de plástico de chichinabo-, se convierten en auténticas ventajas competitivas enfrentados a un cachorro primerizo.

Las redes sociales nos han hecho ver que no estamos solos. Nos llegan mensajes de “Sed fuertes” de otras personas que se han enfrentado antes a esta situación, y que han dado soluciones que nos pueden servir de inspiración: Árboles de navidad enjaulados, protegidos con papel film, decorados únicamente en el tercio superior. Efectivas, para qué negarlo, pero estéticamente cuestionables.

Así que, aquí estamos. ¿Olentzero en holograma?. ¿Nacimiento ubicado en el garaje y reproducido en casa en streaming?. ¿Árbol en una botella?. ¿Renos en suspensión?. ¿Coronas comestibles?. ¿Drones en lugar de camellos?. ¿Guardia pretoriana 24 horas?. ¿Sensibilización gradual?. ¿Ausencia total de adornos navideños?. Uyyyy, eso no; aún no estamos preparados para esa revolución.

Aprovechando este altavoz, y abusando de la confianza, decir que hay muchos animales esperando una oportunidad en las protectoras. Se puede colaborar de muchas maneras: Donando alimentos y material, compartiendo gastos veterinarios, apadrinando, ayudando en paseos y traslados, acogiendo temporalmente…y, por supuesto, adoptando. Os aseguro que, aunque os resistáis,  os harán salir de vuestra zona de confort.

Desde el más estricto minimalismo espartano decorativo, ¡Feliz Navidad 2.0!.

Marta Ozcariz

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