La película del año

IMG_0302En mi familia, el pistoletazo de salida para las fiestas de Navidad, lo daba mi padre con una llamada telefónica: “¿quiénes vamos a ser este año?”  Su talento como dibujante y su impenitente socarronería nos indicaban el asiento en todas las galas navideñas, que acostumbran a congregarnos en torno a una mesa. El proceso tenía su miga: se enteraba de quién venía, pensaba en cada comensal, seleccionaba una anécdota protagonizada por él a lo largo del año, y la plasmaba en una jocosa viñeta individual que cada uno se encontraba en su plato a la hora de comer.

Y todos disfrutábamos nuestra viñeta  casi con más interés que el menú, y desde luego permanecían mucho más  tiempo en nuestra memoria. Las hemos ido guardando en un álbum, y ese amasijo de anécdotas se ha convertido en nuestra película de cada año y forman parte de nuestro  lessico famigliare al que acudimos cada vez que deseamos saber quién viajó tal año y a dónde, qué libro estaba leyendo fulanita, o cuándo se hicieron las obras en la casa de menganito.

Hubo un año en que la viñeta que me tocó tuvo para mí otra consecuencia. Me había dibujado  llegando a su casa llena de ilusión con el regalo de un  par de marcos para sus pinturas, encontrados en un uno de los numerosos rastros en los que meto la nariz.  La gracia del relato es que yo aparecía  orgullosísima con el hallazgo, sin darme cuenta de que los marcos iban soltando polilla por doquier.  El resultado de esa carcajada fue que, desde entonces, cada vez que encuentro algo en un rastro, brocante, anticuario, mercadillo o contenedor de basuras, lo segundo que hago es mirar si lo podré utilizar o se me deshará por el camino.

El impacto de aquella viñeta en mi acción rebuscadora, me ha hecho pensar con frecuencia en lo distintos que podrían ser los resultados de los procesos de evaluación del desempeño en las organizaciones. ¿Cómo sería si, en lugar de los tediosos formularios electrónicos que  los jefes temen, rellenan año tras año sobre los mismos ítem y comunican con tanta dificultad como aburrimiento a unos  evaluados que los reciben con mezcla de desdén y miedo, se propusieran el ejercicio de pensar en la película del año y eligieran una escena para cada colaborador, la dibujaran mentalmente, trataran de ponerla en perspectiva humorística o literaria y se la ofrecieran al evaluado, para comentarla juntos?

Es último Viernes de mes y además el  último del año, y como nuestros amables lectores recordarán, toca cine. Permítannos despedir el año y celebrar el que viene con esta película algo distinta.

¡Feliz 2019, amigos!

Araceli Cabezón de Diego

 

3 comentarios sobre “La película del año

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  1. Me encanta Ara, además dibujar hace ejercitar el hemisferio derecho con la creatividad, y la emoción. Lo fácil que resulta así comunicar no tanto los datos,o hechos, sino como nos hacen sentir. Y es que son las emociones el motor de las acciones futuras y el humor bálsamo a las fricciones. Feliz fin de año, intentaré imitar tan buena práctica de tu padre

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