Aceptación


Este mapamundi no está al revés. Es lo que se llama un mapa “upside down” y es, al parecer, muy habitual en Australia y Nueva Zelanda. Simplemente, está visto desde una perspectiva tan legítima como distinta a la que estamos acostumbrados en los esquemas mentales eurocéntricos. Se trata, pues,  del mismo objeto, pero bajo una mirada diferente, que tan extraña puede resultar para nosotros como para ellos la nuestra.

La gente que mira o piensa distinto a nosotros, normalmente, … tampoco “está al revés”. Nuestros colaboradores, jefes, amigos, hijos, padres, parejas, profesores, alumnos… no están al revés, ni piensan “raro”, necesariamente, cuando ven las cosas desde perspectivas diferentes a la nuestra.

El hecho de asumir este principio básico sobre la diversidad de formas de mirar, no supone tener que aceptar de entrada los planteamientos ajenos;  ni garantiza acuerdos ni siquiera conversaciones productivas. Pero sí me parece una muestra “obligatoria” de respeto al otro y también condición necesaria para promover la comunicación leal y sincera y esa conexión e “inversión en conversaciones” que citaba Ane en su anterior viñeta.

Jordi Foz

 

grises         Entre las innumerables cosas que nuestra civilización le debe a Platón, sospecho que hay una que nos produce no pocos problemas. Me refiero a ese modelo mental binómico de alma/cuerpo, blanco/negro, bueno/malo, hombre/mujer.

He ido haciendo esa reflexión con motivo del incesante incremento de siglas en un acrónimo que en estos días utilizamos para proteger los derechos de las llamadas minorías sexuales. Al “hombre y mujer los creó” del Génesis se añadieron los gays, siguieron las lesbianas, luego se unieron transexuales y bisexuales y después aparecieron los intersexuales; y eso que al abanico LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales) le faltan las siglas relativas a heterosexuales femeninos y masculinos….Todos  ellos estamos aquí, aceptados o no, nombrados o no…

Así, que más vale nombrar y aceptar esas diferencias, y evitar pensar a nuestras organizaciones en términos dicotómicos. Porque el mundo es sobre todo un continuo de matices entre dos polos. Hay pocas decisiones que sean clarísimas de tomar, pocas cabezas que sólo sean estrategas o sólo tácticas, pocos procesos íntegramente eficaces o enteramente inútiles y sobre todo, pocas personas que sean totalmente tóxicas o absolutamente beneficiosas. Ser capaz de encontrar el matiz dentro de ese continuo, puede aliviar tensiones y ayudar a construir climas de posibilidad.

Araceli Cabezón de Diego

círculoalgo que termina

algo que cambia

algo que comienza

algo que aceptar

algo que hacer distinto

alguna promesa

alguna decepción

alguien que llega

alguien que se irá para siempre, y con él algo de nosotros

Araceli Cabezón de Diego

cebras-cruzan-paso-de-humanos

A mi amiga María Carneiro, que (aunque ella no lo sabe), con el envío de esta viñeta, me hizo cambiar de perspectiva

Araceli Cabezón de Diego

RothPhilip Roth, de 81 años, es uno de los grandes escritores norteamericanos, así como uno de los eternos candidatos al Premio Nobel.

En un reciente documental grabado para la BBC, Roth ha anunciado que deja definitivamente de escribir y que renuncia además a cualquier nueva aparición pública.  A esa edad y tras una larga y fecunda vida profesional parece una decisión razonable, que tampoco merecería muchos más comentarios.

Lo que me ha impresionado de su anuncio es la manera en que responde al periodista de la BBC cuando éste le hace ver que, en el año 2004, había declarado que “no concebía la vida sin escribir”…  Roth, sencillamente, le contesta lo siguiente: “Estaba equivocado. He llegado al final. No tengo nada más de lo que escribir”, y ha justificado aquellas declaraciones de hace diez años en el terror a no tener nada que hacer y poderse sentir en el final de su carrera.  Tras ese reconocimiento tan explícito y tan valiente, ha declarado también que ahora quiere dedicarse a la “enorme tarea de no hacer nada”, a charlar y a mirar el horizonte…

Es una sensación muy propia y personal, pero lo que a mi me sugieren las palabras de Roth es, efectivamente, la idea de “llegada”; como si por fin hubiera arribado a un lugar o momento que él reconoce como un punto de destino. Un lugar donde pararse, en paz,  a ver pasar la vida que le pueda quedar, un lugar en el que aceptar la vejez, sin exposición, sin prisa, sin angustia, y quizá también sin la presión de tener que demostrar que el talento perdura hasta el último momento.  Y me ha parecido que su decisión encierra un proceso muy profundo y muy vital de reflexión, identificación, reconocimiento, aceptación y declaración, de una extraordinaria y envidiable libertad, coherencia, dignidad y lucidez.

Jordi Foz

 

 

 

untitledA veces los niños nos sorprenden por su sencillez a la hora de ver las cosas. Al recibir esta imagen, de las muchas que recibo por whatsapp, me hizo pensar más allá de lo divertido de la situación en el gran fondo que tiene.

“Yo negro, tu blanco.”; “tu negro, yo blanco”. Se ven diferentes, pero en sus ojos, la diferencia no es un hecho de “separación”, de “miedo”, sino de curiosidad, de preguntarse el porqué.

Y como no hay miedo, no sienten una amenaza, no existe una reacción negativa. Sin embargo, los mayores, cuando nos hacen una pregunta enseguida activamos nuestro sistema de alarma, y nos aparece nuestra voz interior…”¿por qué me habrá preguntado esto?” “¿es que estoy haciendo algo mal?” “¿en que está pensando este?” “¿me está juzgando, él?”…Y actuamos.

Y en nuestra forma de actuar aparece demasiado a menudo una reacción de defensa o ataque. Nos defendemos con disculpas o contraatacamos con otra pregunta, respuesta o con nuestro silencio e indiferencia. Y cualquier cosa que hagamos, le provoca al interlocutor otra reacción, de nuevo adversa, empezándose a generar una pequeña bola de desencuentro con poca pinta de acabar bien… Y simplemente por elucubrar lo que estará pensando el otro.

Y pocas veces pensamos que una pregunta es sólo eso, una pregunta, sin más intenciones por detrás que el conocer, el aprender.

Pero ellos son niños. Esta observación natural de verse igual pero diferentes es su base de relación, tan simple que no necesita explicación. Y es que la pregunta no les supone un cambio emocional. Han evidenciado la diferencia, pero no les afecta. Después de sus preguntas, sus interpretaciones y posiblemente su falta de consenso y de respuesta “conceptualmente buena”, seguirán a lo suyo. No habrá segundas interpretaciones, ni pensamientos que no se dicen. Todo esto lo “aprendemos” después, y es lo que nos hace sufrir y sentirnos mal.

Desde la ortodoxia del coaching, seguramente no son preguntas del todo válidas, ya que están hechas desde la visión blanca o la visión negra, pero son preguntas limpias, sin segundas intenciones, sin “mala leche”.

Ahora imaginaros esa misma foto con dos personas mayores preguntándose lo mismo. ¿no percibís ya el rencor que va surgiendo?

Y ahora, una pregunta, ¿serás capaz de pensar que no es más que una pregunta, sin más?

Iñaki Ruiz, Vicepresidente del Colegio Vasco de Economistas y Responsable de Proyectos Corporativos de Laboral Kutxa

bruce-dern-NebraskaAdemás de todos los elogios técnicos que ha suscitado Nebraska y que comparto, a mí me resultó una película conmovedora.

Cuenta muchas cosas, a pesar de que no hay mucha acción. A mí me habló de las inmensas posibilidades que abre la aceptación.

La película nos propone aceptar unos personajes con sus imperfecciones, que son las que los hacen tan humanos y entrañables. Aceptar el loco deseo de un padre de ir a Nebraska a recoger un premio que nunca ganó. Aceptar que el pasado está conformado de episodios que nos gustan y de otros que deploramos. Aceptar que la lucidez tiene caras muy diferentes.

La historia avanza en la medida en que la aceptación avanza… Cuando el hijo va aceptando lo que hay, cuando deja de pelearse contra lo aparentemente absurdo, entonces puede acompañar a su padre como él lo necesita.

Se da la paradoja de que un viaje aparentemente inútil, se convierte en un descubrimiento de un valor incalculable para su vida. La aceptación le permite conocer y conocerse, en el sentido más profundo.

De esos viajes cortos, que sin esperarlo, nos transforman.

Ane Agirre

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