coaching


papelitosLos brillantes eventos de innovación que organiza nuestro amigo Alfons Cornella  acostumbran a congregar perfiles muy variados: mundo corporativo, emprendimiento, academia, artes, tercer sector… Recuerdo que en uno de ellos –Re’09 -tras una mañana de intensa reflexión e información, llegado el momento del café, nos repartió unos papelitos y soltó esta bomba: “ahora cada uno que escriba en ese papel lo que es para él la felicidad”.

Hice lo que pude para tragar la bola en que se convirtió mi mini-palmera  y empecé a darle vueltas con gran pudor, intimidada por la intelligentzia reunida en la sala.  Al final compartió lo que habíamos producido todos.  Había definiciones filosóficas, otras que relacionaban la felicidad con aspectos más concretamente éticos; algunas apuntaban al contexto, otras la libraban a la subjetividad más absoluta y por supuesto, no faltaron las aportaciones neurofisiológicas.  Algunas de ellas: “la felicidad es un estado de conciencia“, “la felicidad tiene que ver con cómo nos hace sentir la virtud“, “la felicidad es equilibrio“…No recuerdo lo que hizo después con esa producción, pero si recuerdo la definición que más me interesó:

La felicidad es una interpretación de la realidad

Araceli Cabezón de Diego

No hay vida de equipo sin conflicto. Un grupo de personas que están en permanente interacción, orientados a conseguir unos resultados, generan necesariamente situaciones en las que no todos piensan o sienten de la misma manera. Porque habrá situaciones en las que:

  • se genera competencia por recursos escasos.
  • hay interpretaciones diferentes de una situación.
  • no se comparten valores a la hora de priorizar.
  • no hay claridad en la comunicación, porque se utilizan lenguajes diferentes.
  • las visiones de futuro divergen.
  • se generan situaciones desiguales en cuanto a reparto de poder.
  • hay desajustes en las cargas de trabajo.
  • hay emociones ligadas a la inseguridad por el propio empleo.
  • …y un largo etc.

Lo que distingue la madurez de un equipo no es el número de veces a las que se enfrenta a los conflictos ni el número de conflictos que ignora, evita o sobrevuela, sino la manera en la que es capaz de abordarlos y resolverlos: su capacidad de ponerlos sobre la mesa, de hablar sobre ellos con claridad, de escuchar los distintos puntos de vista y de alcanzar acuerdos. E incluso, por su capacidad de seguir trabajando alineados por encima de ciertas diferencias.

Un coach  de equipo ayuda a los equipos a reinterpretar los conflictos como parte natural de su vida y a plantear preguntas y conversaciones que les ayudan a desbloquearlos y manejarlos de manera productiva. Se trata así de evitar que el conjunto de conflictos no resueltos, generen “el gran conflicto”, ese que ya no se sabe ni de dónde viene y que todo lo empaña.

No es que sea precisamente fácil cambiar la forma de interpretar los conflictos, pero es que es estrictamente necesario para ser capaces de trabajar en equipos diversos y en los que las interacciones horizontales son fuertes.

Bienvenidos al conflicto!

Ane Agirre

krigets6

El fin de semana pasado celebramos las jornadas anuales de Vesper y volvimos a tener el placer de trabajar y disfrutar a partes iguales.

A los 4 socios nos gusta el cine y dedicamos unas horas a ver la TV movie Hijos del tercer Reich, un relato sobre 5 jóvenes alemanes que celebran su despedida con la promesa de reencontrarse después de la guerra.

Entre imágenes muy realistas de la brutalidad de la batalla, lo que más me impactó, fue el cambio radical que van experimentando los 5 personajes según avanza la película y la constatación de algo tan terrible como la guerra: en determinadas circunstancias, cualquiera es capaz de lo peor…

Esa posibilidad me dejó un tanto tocado. Sin embargo, días después me acordé de unas palabras de Ernesto Sabato en el ensayo “La resistencia“:

“Persona quiere decir máscara y cada uno de nosotros tiene muchas…Siempre llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso…” 

Y me hizo sentirme mejor. Ser consciente de que la máscara que nos colocamos todas las mañanas es necesaria para relacionarnos con los otros y saber que somos capaces de usar varias, me sugiere la posibilidad de adaptarse, de ser flexibles y de ser un protagonista con muchos registros de la película de nuestra vida.

Oscar Garro

IMG_1333Hoy se celebra el Día Internacional del Arte en conmemoración del nacimiento de Leonardo da Vinci.

Confieso que siempre he sentido una cierta envidia cuando contemplo obras de arte y pienso en el talento necesario para crearlas y la distancia que me separa del autor. Intento entender de dónde sale tanta belleza y después de unos minutos, acabo por olvidarme y me dedico a disfrutar.

Ese regusto amargo inicial se ha ido diluyendo con el tiempo y desde hace poco, casi ha desaparecido. Leyendo “Cartas a un joven poeta“, me he reconciliado con mi tendencia a hacerme pequeño cuando admiro una obra de arte.

En el libro, Rainer María Rilke intenta dar respuesta a la inquietud de un escritor novel sobre sus poesías. Las lee con cariño y dedicación y como un coach ;-), le devuelve la responsabilidad y no le lleva a ningún lugar donde solamente podría ir el inquieto aspirante a artista. En una frase que ya se ha quedado para mi memoria le dice:

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro“.

Y además de recordarla para disfrutar del arte, la guardo para otras situaciones de la vida en la que un juicio prematuro me impide percibir y vivir nuevas perspectivas.

Oscar Garro

Begin_Again-274155842-largeEl título me gustó desde el principio, “empezar de nuevo”. Me sugería segundas oportunidades, subidas y bajadas y comienzos retadores. Optimismo, en definitiva. Con esa sensación y moviendo mi pierna al ritmo de una música fantástica, terminé de ver el final de esta historia. Entendí su nominación a los Oscars por la mejor canción y me gustó descubrir el talento musical de su protagonista femenina.

La pasión por la música lleva a Gretta (Keira Knightley) y a Dave (Adam Levine), novios desde el instituto, hasta Nueva York. Pero cuando él, una vez alcanzado el éxito y la fama, la abandona, ella se queda completamente desolada. Una noche, un productor de discos (Mark Ruffalo) recién despedido, la ve actuar en un bar de Manhattan y queda cautivado por su talento.

Esta escena me cautivó. Ella está cantando sin mucho éxito ante una audiencia que la ignora y el productor de discos es capaz de ver mucho más allá. En su cabeza comienzan a crearse notas de piano, violín, batería…que le permiten ver aquello que Gretta y los demás no están viendo. A partir de ahí, se encuentran, graban un disco muy especial contando como escenario la ciudad de Nueva York y comienzan las segundas oportunidades. Me pareció una metáfora muy acertada de algo de lo que hemos hablado otras veces, y que utilizamos mucho en procesos de coaching, la visión compartida.

La energía que se crea entre los músicos se trasmite en su música, en sortear dificultades para conseguir grabar el disco, en relaciones dañadas que vuelven a recomponerse…en fin, en todo lo que sucede entre un grupo de personas con talentos individuales que tienen un proyecto compartido que les llena de pasión. Esta magnífica escena, grabando en el tejado de una azotea, sintetiza todo lo anterior.

Y termino con la frase que aparece  debajo del título en su publicidad (“you are only as strong as your next move”). “Eres sólo tan fuerte como tu siguiente movimiento”. Potente invitación a la acción ¿no creéis?.

Teresa Aranguren

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Programa de coaching de Deusto Business School: octubre 2002 – julio 2015

Ya está en el aire girando la moneda…y que sea lo que sea

Equipo Vesper

creenciasEn uno de los procesos de coaching en el que participo, trabajaba con una alumna de último curso de carrera. Le ayudé en su reflexión sobre las alternativas relacionadas con su futuro profesional (búsqueda de trabajo, estudiar un Máster, prácticas en el extranjero…) y a que tomara ella misma la decisión que considerara más oportuna. En el ámbito de la búsqueda de empleo, en repetidas ocasiones mostró la creencia de que “no hay trabajo”, “las condiciones son muy malas” y “no voy a encontrar nada”.

La realidad es difícil y es mejor abordarla de frente, con todas sus aristas. Los mensajes vacíos de “tú puedes”, sin nada más añadido, me desesperan. Lo que nos ayudó fue cambiar el “no hay trabajo” por “qué más puedo hacer que no haya hecho hasta ahora para buscar oportunidades” y reflexionar sobre el reto de captación y retención del talento con el que se encuentran hoy en día las empresas. Al cambiar su mirada hacia el mercado de trabajo y hacia “su talento”, cambió su energía, sus posibilidades, y lo más importante, sus acciones de búsqueda. Las semillas sembradas han dado fruto, y es candidata en varios procesos de selección.

Continuando con las creencias, el factor que más influye en el aprendizaje de los alumnos son sus propias creencias sobre su rendimiento académico. Así lo ha evidenciado el equipo de investigación de John Hattie (Visible learning for teachers) en un estudio realizado durante más de 15 años con el objetivo de reconocer los factores más importantes que afectan al rendimiento académico de los alumnos. En la construcción de esas creencias, tienen mucho que ver las experiencias previas, negativas o positivas, y por supuesto, las posibilidades de éxito que son percibidas por ellos.

Lo interesante de las creencias, como nos decía Víctor en un post anterior, es evidenciarlas, traerlas a la luz para “saber cuáles nos alejan de nuestro objetivo para derribarlas y apoyarnos en las que soplan a nuestro favor”.

Nuestras creencias importan, y mucho. Y tú, ¿qué crees?.

Teresa Aranguren.

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