diversidad


Recientemente me llamó la atención esta foto en la que Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, aparecía exhibiendo unos calcetines de rayas color Arco Iris, muy a tono con el “World Pride” al que hacía referencia Araceli la semana pasada.

Más allá de lo anecdótico o políticamente correcto de la foto, supe a través del artículo que  Mr. Trudeau es conocido por utilizar calcetines más propios a priori de un hípster que de un político de su nivel responsabilidad. Los colores llamativos o personajes de la Guerra de Las Galaxias, por ejemplo, no son una elección casual, sino toda una declaración de intenciones: «Me hacen vestir con traje y corbata. Los calcetines son la única forma de expresarme».

Me pareció una excelente actitud: ejerciendo nuestros roles y responsabilidades nos encontramos limitaciones, peajes, normas y condicionantes con las que no nos sentimos alineados, pero hagamos lo que hagamos con ello, especialmente si decidimos aceptar las reglas del juego, siempre podemos imprimir nuestro sello personal, y ponernos cada día nuestros calcetines de dibujos y colores particulares para dotar así de más sentido a nuestras acciones, para nosotros mismos y para al entorno en el que las desarrollamos.

Nerea Goikoetxea

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En anteriores viñetas he declarado interés por los aspectos gramaticales que ayudan a clarificar el discurso. Algunas personas (la familia ¡ya se sabe!) me tildan de nazi-gramatical; yo sin embargo me califico de conservadora-gramatical, actitud que revelo en mi negativa a sobrecargar los textos con lo que considero una distractora diversificación de género en los sustantivos, adjetivos, artículos y pronombres (las partes de la oración susceptibles de variación generonumérica). En su lugar prefiero utilizar el genérico y tragarme la injusta asunción del ser femenino en la forma masculina de dicha característica (ej. los directivos, para referirse a directivas y directivos).

Sin embargo una cosa es asumir sin protestar la faena ontológica manifiesta en la forma masculina del genérico y otra cosa muy distinta que una admita que el mundo son “los hombres” (o sea los machos) y desde ahí, o sea, desde ellos  se explique todo lo demás. Esta incomodidad sentida muchas veces,  reverdece hoy  en mí gracias a  la controvertida  frase vertida por el señor Dijsselbloem, quien desde su cargo de presidente del eurogrupo declara en una entrevista : “Como socialdemócrata….. No puedo gastarme todo mi dinero en licor y mujeres y a continuación pedir ayuda.…” La prensa lo ha puesto a caldo porque se refería al descontrol del gasto de los países del sur de Europa, y lo han tildado de racista y machista, por supuestamente aludir a la afición a la prostitución de los países sureuropeos con eso de gastarse el dinero en mujeres.

Servidora  lo considera muy desafortunado como declaración pública, pero lo que de verdad me intriga es la extraña alternativa que plantea su frase. Si decimos que no podemos gastarnos el dinero en licor y mujeres, asumimos que los europeos del sur lo están gastando en vino y mujeres. Lo del vino tiene un pase (¡mediterránea que es una!), pero en mujeres….Yo soy mujer y no me lo gasto en mujeres, y no sé si existe prostitución femenina para lesbianas. O sea que o a) las mujeres del sur son todas lesbianas y gastan su dinero en otras mujeres prostitutas, al igual que sus varones, o b) en el sur (o quizá en el universo) solo existen los hombres y las mujeres serían otro objeto de consumo equiparable al vino.

¡Qué disparate! ¿no?……pues como éste ¡¡¡miles!!!:  discursos, declaraciones, anuncios de televisión, textos, y ni nos enteramos, pero ahí queda. En una ocasión me permití una prueba en una intervención ante un grupo de empresarios convocados por un cliente. Utilicé el mismo estilo que nuestro amigo europeo y comencé a poner los ejemplos desde el universo femenino como si fuera “el” universo: lo que pasa cuando tu novio aplasta el tubo de dientes por aquí, lo que ocurre cuando alguien hace una observación sobre tus tacones….Duré una hora hasta que uno de los varones presentes se levantó y manifestó públicamente su incomodidad. Se lo agradecí inmensamente y le hice ver que así nos sentimos las mujeres a diario.

¿De verdad tenemos necesidad de sufrirlo?

Araceli Cabezón de Diego

 

belenYa sabemos que la diversidad enriquece. Es fácil hacer esta afirmación en el plano teórico. Es más difícil vivir la diversidad como fuente de enriquecimiento, porque en general, lo distinto nos asusta, nos pone en guardia, nos genera el impulso de defender “lo nuestro”.

Vi el otro día este Nacimiento en Karmelo Ikastetxea de Donosti. No me digáis que no es genial: Olentzero, Santa Claus y los tres Reyes Magos compartiendo escena, con sus trajes tan distintos, cada uno de ellos procedentes de culturas y tradiciones diferentes. En un lado el desierto y no muy lejos escenas de nieve con sus esquiadores y todo.  Pues claro!!!  y los niños viéndolo con total normalidad, sin hacerse demasiadas preguntas…

Seguro que habrá muchas personas que piensen que la representación debería ser más fiel a las sagradas escrituras, y no incluir personajes externos al relato bíblico.  Bueno, a mí me sugirió unos corazones que se abren e incluyen en la escena a “otros”, sin prestar atención a su “categoría”.

Ane Agirre

septuaginta

Parece ser que la primera traducción del mundo fue la versión al griego del Pentateuco, conjunto de libros escritos en hebreo y arameo que forman parte de la Biblia. La tarea fue encargada por el alejandrino Ptolomeo II Filadelfo ni más ni menos que a 72 traductores. Este grupo, conocido como “la septuaginta“, se encerró en la isla de la Elefantina con el mandato de no entrar en contacto hasta terminar la misión.

Nos inclinamos ante la idea de este  Ptolomeo y su generosa asignación de recursos para un proyecto que pretendía llevar los textos sagrados a unos súbditos que  ya no hablaban la lengua de sus ancestros, pero lo que llama la atención de esta humilde bloguera es el  legendario resultado final. Cuenta el relato que, iluminados por dios, cuando salieron de su encierro los setenta y dos traductores ¡entregaron la misma traducción!

Con frecuencia resulta más fácil admitir las grandes diferencias de un colectivo totalmente distinto al propio, totalmente otro,  que las de un individuo de nuestro entorno ¡qué tensión por uniformizar, cuando sabemos que es imposible, como demuestra la sonrisa que despierta en nosotros la aparente ingenuidad del relato!

Araceli Cabezón de Diego

 

Reunión de los responsables de empresas del Ibex 35 en 2014

A veces se tiene la amarga satisfacción de ver ratificado en un medio más o menos creíble algo que uno siempre había intuido… Algo así me ha sucedido con el impactante título del artículo publicado en La Vanguardia el pasado día 29 de septiembre: “La preocupación de las empresas por la igualdad es falsa, dicen las directivas”; artículo que remite a las recientes conclusiones de la prestigiosa Esade Gender Monitor.

Luego, si se pone foco, resulta que la muestra es de “sólo” 152 directivas y que no se dice exactamente esa frase literal que resulta ser entonces un recurso periodístico, aunque bien podría deducirse de las respuestas aportadas.  En cualquier caso, tuve la sensación de haber sido… “descubierto” (?) y de tener que reconocer que, íntimamente, siempre había sospechado que “la preocupación de las empresas por la igualdad es falsa”…

Afortunadamente, aunque exista una interacción evidente, una cosa son las empresas y otra cosa distinta las personas que las componen, y sí he conocido personas (nunca suficientes) a las que ha preocupado la igualdad de género y han trabajado muy meritoriamente por ella, incluso por diferentes motivaciones.

Esta es una cuestión muy poliédrica que hemos tocado en anteriores viñetas, con diferentes aproximaciones y reflexiones. Y me temo que el equilibrio de género en las empresas, sigue siendo algo claramente pendiente de resolver y tengo, además,  la frustrante sensación de que no lo estará definitivamente hasta que ya no sea necesario ni siguiera mencionarlo; como no se habla, por ejemplo, de la esclavitud o el trabajo infantil como actividades comerciales legales, de los combates de gladiadores o de fumar en los aviones.

Es decir, la esperanza es que algún día la no discriminación por razón de género sea algo tan evidente y asumido como los anteriores ejemplos y pueda dejar de ser objeto de debate y, si es posible, hasta de encuestas y reflexiones.  “Se dice” que existen lugares y entornos en los que casi se ha conseguido…

Jordi Foz

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Cartoon by Michael Shaw (february 2006)

Oscar Garro

 

 

Desde la frontera

Discurso de José Luis Sampedro en su ingreso en la RAE

Los paseos de fin de semana con Almudena suelen dar mucho juego. Los pasos y las palabras van a nuestro ritmo (los que nos conocéis lo podéis escuchar perfectamente).

Este domingo estuvimos hablando de lo difícil que es ocupar los “espacios fronterizos”, esos que están en la mitad, ni aquí ni allí. Empezamos hablando del tema a raíz de lo difícil que es encontrar fondos para investigación que no se puedan clasificar perfectamente en un área de conocimiento predefinido. O investigas en esta área o en esta otra,  ¿y si precisamente quiero investigar qué hay en el lugar en el que esas áreas se encuentran o en el lugar en el que se separan?

Y fuimos repasando otros casos de zonas fronterizas que sería interesante explorar y ocupar: las que están entre las distintas áreas y perspectivas dentro la empresa, entre lo público y lo privado, entre la razón y la emoción, entre la empresa y la universidad, entre distintas generaciones, entre los territorios masculinos y femeninos…

Y es difícil porque estamos más diseñados, en general, para vivir cómodamente en los centros, allí donde el territorio es conocido y sus habitantes homogéneos, donde sólo se habla una lengua que dominamos. Quienes se atreven a vivir en la frontera pueden pagar el precio de no sentirse parte de ningún lado. También pueden disfrutar del privilegio de construir y tender puentes que merezcan la pena.

Ane Agirre

 

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