“emociones”


El cotarroEl nombre de Moradillo de Roa, un amable pueblo de la provincia de Burgos, se ha puesto en el mapa gracias al empeño y la ilusión de sus habitantes en el proyecto común de  rehabilitación de sus más de 150 bodegas. y lagares Se trata de un conjunto etnográfico de pequeñas construcciones familiares cavadas en el interior del cerro “El Cotarro”- para albergar el vino producido individualmente- y de los lagares donde se producía dicho caldo.

Hoy en día ese conjunto se puede visitar, y yo he tenido la suerte de hacerlo en varias ocasiones. De la última guardo un recuerdo especial, porque visitamos además “El Tercio”, un lagar de 1736 también reconstruido. El alcalde, que ejercía de generoso guía, nos introdujo en los misterios funcionales de una ingeniería con frecuencia intimidante para los no familiarizados.

En un momento dado, mientras detallaba el papel de la piedra, el husillo o la hembrilla narró una anécdota vivida por él al mostrar por primera vez el lugar a los periodistas. Estaba explicando  el proceso de restauración,  cuando de repente se escuchó un crujido que inquietó a los asistentes. Hubo quien se agitó, otros que expresaron en alto su temor de que “aquello se les viniera encima”, y los más asustados salieron corriendo. En medio de todo eso, el dueño del lagar, que lo había heredado de sus padres y ayudado a reconstruir con su conocimiento, les dijo: “……sssssss, tranquilos….escuchad el sonido del lagar

Y pensé: ¡cuántos sonidos perderemos porque nuestros miedos los convierten en crujidos!

Araceli Cabezón De Diego

 

11250916_10205675528182149_1430058112866729514_nUna vez recogido el guante de Ane y aun habiendo cambiado “lo intentaré” por “lo haré“, inevitablemente ayer llegó el día 1 y seguramente, los primeros desengaños.

Los propósitos incluso cuando están bien declarados, suponen un esfuerzo adicional y no siempre somos capaces de cumplirlos.

El problema es que además del disgusto de no haber empezado bien, en muchas ocasiones nos sentimos mal por sentirnos mal; nos decimos frases como “no tengo derecho a sentirme mal” o “estar triste no sirve para nada” y yo no compro ninguna de las 2 afirmaciones.

Todo el mundo tiene derecho a sentirse como le da la gana ya que todas las emociones son legítimas. Por otra parte, esas emociones que tildamos de “negativas”, pueden ser muy eficaces.

Podemos estar tristes por no haber cumplido nuestro propósito postvacacional y hasta puede ser saludable; además de hacernos más humanos, nos enriquece y nos puede dar la pausa necesaria para redefinir lo que queremos con más garantías de éxito.

Así que toca sentir, reflexionar y volver a empezar. Hoy mismo puede ser un gran día para hacerlo 🙂

Oscar Garro

 

Bob AdelmanSelma es el relato emocionante y veraz de una historia conmovedora sobre la marcha  pro derechos civiles liderada por Luther King, en 1965,  entre las ciudades de Selma y Montgomery, en Alabama. Es difícil aceptar que apenas hayan pasado cincuenta años desde que el Presidente Lyndon B. Johnson promulgara la Ley del Derecho al Voto de 1965 que, teóricamente, ponía fin a la inconcebible discriminación en los derechos de los ciudadanos negros de los Estados Unidos (así se les denomina con toda normalidad a lo largo de la película).

Cuando una película contiene una historia tan potente, no es fácil abstraerse a ésta y centrarse en aspectos más técnicos y artísticos, pero desde el punto de vista formal y estético la película me parece una verdadera obra de arte, con una fotografía impecable y una realización comedida, sin estridencias, que va poniendo ante ti las cosas que suceden como si estuvieras asistiendo a un documental. Quizá un ritmo algo lento en los diálogos, con una recreación de atmósferas muy intimistas, pueda impacientar a algún espectador…

¿Lo que más me impresionó? Los actos despiadados y las expresiones de odio, sin matices, de los blancos racistas, policías o espectadores entusiastas de cualquier edad, que probablemente enmascaran el miedo y el desprecio más profundos; la absoluta ausencia de empatía, de humanidad, de piedad, de compasión, ante unas personas a las que agreden impune y salvajemente, quienes tenían la obligación moral y legal de protegerles… si es que los hubieran considerado ciudadanos, claro!

Tres últimos puntos para tratar de “autoacotarme”: 1) El increíble liderazgo de Martin Luther King que “rebosa” la pantalla y la historia. Nadie fue capaz de llenar ese vacío tras su asesinato en Memphis. 2) Es indiscutible el extraordinario avance en apenas cincuenta años, pero los últimos y reiterados sucesos en Estados Unidos (Ferguson, p.e.), nos recuerdan que, en esto también, se ha recorrido un largo trecho desde el punto de partida, pero que seguimos aún muy lejos de la meta, y 3) Al final, la película sólo ganó un Oscar a la mejor canción : Glory. Pinchad aquí y no os la perdáis…

Jordi Foz

Pd. De entre las innumerables y magníficas fotografías que podrían ilustrar esta viñeta, me he inclinado -no sin esfuerzo- por una de Bob Adelman, tomada en Selma ese mismo año de 1965. Por favor, ampliadla y observad con asombro las caras, actitudes y emociones que expresan tanto blancos como negros. No se me ocurre mejor alegato contra el racismo…

 

IMG_3074 Recortada

Lo confieso. ¡Me encanta la Navidad! No sé muy bien por qué, pero así es.

En estas fechas, en casa nos olvidamos del “menos es más”, y no hacemos ascos a ningún icono navideño: Nacimiento, Árbol, Papá Noel, Olentzero, así como un sinfín de renos y asimilados distribuidos por todas las habitaciones.

El Nacimiento que tenemos es de plástico, con figuras pequeñas de tamaños dispares, camellos inestables y con un claro problema en la escala de los conejos (más grandes que la mula y el buey). Así que llevo años tratando de convencer a mis hijos para cambiarlo por el Nacimiento que poníamos en casa de mis padres cuando yo era pequeña, un Nacimiento precioso de figuras grandes y majestuosas, pero no ha habido manera. No quieren y nunca he entendido por qué, si es mucho mejor Nacimiento.

El otro día estaba mi hija en casa con unas amigas, enseñándose fotos en el móvil para ver quién tenía en casa el mejor Nacimiento. Y oí cómo mi hija les explicaba por qué el nuestro era el mejor.

Les contó que las primeras figuras las compré yo, cuando era estudiante en Madrid, en los puestitos que ponen en la Plaza Mayor en Navidad (los que tenéis una edad, seguro que recordáis a Chencho). Les contó que iba ahorrando cada año para poder ir ampliándolo, y que compraba figuras de distintos tamaños para darle sensación de profundidad, ya que el hueco que tenía para ponerlo era pequeño. Les contó que, ese Nacimiento que inicié de estudiante, lo habíamos seguido completando juntos, año tras año, yendo los tres a los puestitos de la Plaza Mayor de Madrid a comprar el fondo, un pueblo, la forja con luz, un segundo puente, algún pastor más.

Y, por fin, entendí por qué el nuestro era el mejor Nacimiento y no querían cambiarlo.

Cuántas veces nos empeñamos, con buenas intenciones, en trasladar “lo mío”, porque nos parece bueno y nos ha servido, cuando lo realmente importante es tratar de construir “lo nuestro”. Algo conjunto.

Así que, con permiso de Araceli, Mikel y Víctor, el nuestro es el mejor Nacimiento del mundo.

¡Feliz Navidad a todos!

Marta Ozcariz

P.D. Por falta de espacio, se alquila precioso Nacimiento de figuras grandes y majestuosas, en buen estado, y conejo de plástico de similar tamaño.

Lorraine Motel. (J.Foz)La historia es la siguiente : mi hijo Oriol y yo estábamos de camino, por carretera, desde Nueva York a Houston – donde él se trasladaba a vivir- y en el tercer y penúltimo día de viaje habíamos decidido hacer una parada en Memphis para almorzar y dar un vistazo rápido a la ciudad. Oriol sentía cierta curiosidad por ver cómo se trataba todo el fenómeno relativo a la figura de Elvis Presley.

Hacia mediodía llegamos a la zona del “complejo” que llaman Graceland y que incluye, tanto la mansión en la que vivió desde los 22 años hasta su muerte, como todo aquello que se ha construido alrededor de esa casa-museo  : restaurantes, aparcamientos, tiendas … Era un día lluvioso y desapacible pero desde el coche podíamos ver largas colas de personas y de automóviles esperando pacientemente para acceder, y familias enteras pululando alegres y motivadas por toda la zona.  En su conjunto, nos resultó un poco “agobiante” y fue Oriol quien enseguida convirtió en palabras lo que los dos estábamos pensando : “esto es como un parque temático; ya está visto, vamos …”

Decidimos, entonces, acercarnos al antiguo Motel Lorraine, en el que fue asesinado Martin Luther King y que luego fue convertido en el National Civil Rights Museum.  El edificio se encuentra en lo que nos pareció una zona algo deprimida y suburbial y muy solitaria.  Seguía lloviznando y soplaba un ligero viento fresco.  Aparcamos sin ninguna dificultad en un aparcamiento relativamente pequeño (y gratuito) prácticamente en la puerta del museo y durante un buen rato nos paseamos por su interior y alrededores.  Impresionaba el silencio, la sencillez, la “cotidianidad” del espacio y una sensación de “recogimiento” reforzada por el hecho de que, en todo ese tiempo, apenas nos hubiéramos cruzado o visto con más de unas pocas decenas de visitantes … La sencilla corona de flores que señala el lugar donde fue alcanzado y, unos metros enfrente, poder contemplar la misma perspectiva que tuvo su asesino desde el pequeño balcón en el que disparó.  Apenas tres calles más allá, nos asomamos a un desierto mirador sobre el impresionante y majestuoso Mississippi …

No hay moraleja. O por lo menos no me considero legitimado para interpretarla. Simplemente, me dejé dominar por las emociones y por la sensación de estar viviendo unos minutos intensos que pasarían a formar parte de mis recuerdos … Sí es cierto que, una vez más y también sin respuesta, además de reflexionar acerca de lo complejos y apasionantes que somos los seres humanos, me planteé la persistente distinción entre  “aceptación” (las personas elegimos libremente lo que nos interesa o no nos interesa) y  “resignación” (las cosas son como son y no como a veces nos gustaría que fueran …”).

Jordi Foz

Cuenta la historia que en 1346 Eduardo III de Inglaterra, convencido de la importancia estratégica del puerto de Calais para el Canal de La Mancha, decidió sitiar la ciudad  que  resistió luchando hasta que le fué interceptado todo avituallamiento. Cuando la hambruna hizo presa en  los habitantes el alcalde de Calais decidió capitular ante el rey inglés para salvar la vida de sus ciudadanos. Éste aceptó la rendición a condición de que seis notables de la villa le presentaran las llaves de la ciudad, rendidos de forma humillante, de rodillas, en camisón y con una soga al cuello. Tras unos momentos de agitación, un primer burgués dio un paso al frente y pronto fue seguido por otros cinco dispuestos a sacrificar su orgullo por la supervivencia de los suyos.  Poco después, en la forma acordada se presentaron en la tienda del monarca inglés, quien les recibió rodeado por sus  caballeros

El impacto que el gesto de  los seis causó en la corte provocó la petición de clemencia por parte de uno de sus caballeros  al advertir el heroísmo de quienes así cedían su orgullo en beneficio  de su pueblo. La propia reina, su esposa, intercedió vehemente por ellos argumentando:  si los condenas, tu reputación se verá dañada al exhibir tanta crueldad con quienes tan noblemente se ofrecen a tu voluntad para salvar a sus conciudadanos.

Quien pretendía humillar consiguió enaltecer al objeto de su inquina; y él a su vez se vió humillado   por quienes noblemente le sirvieron su orgullo  en bandeja para salvar a los suyos.

Este episodio de “Los burgueses de Calais” quedó inmortalizado por Rodin en una magnífica escultura, y cada vez que la veo pienso en cómo humillación y nobleza se superponen dependiendo de la causa que las asiste.

Araceli Cabezón de Diego

Esta mañana, muy nublada y húmeda, ibamos dando un paseo en bici por la ría de Plentzia, Aitor, Jokin, Mikel y yo (en ese orden). Aitor, que iba por delante ha gritado ¡Charco vaaaa!. He pensado, “qué majo que nos avisa para que no nos mojemos“… Y según lo pensaba y giraba el manillar hacia la derecha para esquivarlo, he visto que los tres mosqueteros pedaleaban con más entusiasmo y enfocaban sus bicis justo hacia la mitad del charco.

Vaya, he pensado, un mismo aviso y dos interpretaciones, dos emociones y dos acciones tan diferentes!!! El hecho de encontrarse un charco, tiene significados distintos y provoca emociones y acciones opuestas según la edad de quien se lo encuentra. Con diez o doce años, te abre posibilidades de diversión y no te conecta para nada con las manchas ni la lavadora…

Se me ha ocurrido hacer una pregunta. Sabía que era una pregunta absurda, pero la he hecho… “¿para qué os metéis por la mitad del charco?”, “pues para mojar las ruedas y dejar huella en el suelo“… “ahhh, ahora ya lo entiendo” he contestado.  Porque “la vida mancha“, y para dejar huella no queda más remedio que manchar la rueda.

Pues eso, que un hecho en sí mismo no tiene significado, se lo damos nosotros, y muy distintos por cierto. Ante una misma realidad, algunos podemos sentir tristeza, o decepción, o pereza, o liberación o sensación de oportunidad, o incluso enfado, o serenidad y paz, o asombro…o una mezcla de todo. Dependiendo de nuestras creencias, de nuestra realidad, de lo vivido antes y de lo que proyectamos a futuro…

Hay charcos para esquivar y charcos para cruzar y salpicar. Cada uno elige los suyos.

Ane Aguirre

Página siguiente »