Equilibrio


No sé si estoy totalmente de acuerdo con las conclusiones de este artículo aparecido en La Vanguardia el pasado día 28 de marzo, pero me gustaría estarlo…

Según su argumentación estadística, “el mercado laboral valora cada día más la experiencia que proporciona la edad” y parece lógico que así sea aunque, quienes nos podemos considerar incluidos en ese amplio colectivo de séniors, no siempre hayamos tenido esa percepción.

Me parece evidente que la experiencia que proporcionan los años y la vida en general, debería ser siempre adecuadamente considerada y que, seguramente, existen habilidades y competencias que sólo se pueden adquirir mediante la práctica y las vivencias personales.

La “cruz” de esta moneda, parece ser la irreductible tasa de desempleo entre los jóvenes. Como sucede a menudo, la mejor situación debería estar en el equilibrio. Las organizaciones y los equipos necesitan tanto de la experiencia (“eso que uno hace con las cosas que le suceden”) como de la juventud,  y cualquier solución que prescinda de lo uno o de lo otro, se está perdiendo una energía y unas capacidades a las que nadie debería renunciar.

Es una cuestión de equilibrio, de estrategia, de generosidad, de inteligencia y de sentido común.

Jordi Foz

Mercado de Rissani. Abril 2014Esta fotografía la tomé hace unos días en el mercado de animales de la ciudad de Rissani, en Marruecos. La escena había llamado mi atención : la oveja adulta parece algo “abrumada” por la intensidad de un sol de mediodía realmente inclemente pero, en lugar de estirarse como la mayoría del resto de animales (podía hacerlo pese a estar atada por la pata derecha), se mantiene en pie, facilitando una sombra acogedora a una cría… ¿quizá su cría?

La imagen me provocó una serie de reflexiones en “modo automático” (inevitable e incontrolable) : ¿qué era lo que causaba ese comportamiento? ¿qué estímulo profundo existía detrás de ese aparente esfuerzo : voluntad, instinto, generosidad, sacrificio, casualidad, amor…?

Evidentemente nunca sabré la respuesta, pero también pensé que “bien está lo que bien acaba” y que, con independencia de las motivaciones que la provocaban y que tampoco debían de importarle demasiado a la cría, ésta parecía perfectamente confortable en su sombra protectora.

Seguramente, las dos cuestiones son relevantes por si mismas : las razones o estímulos que nos llevan a actuar y los resultados concretos de esas acciones.  Lo uno sin lo otro no parece tener demasiado sentido y, como casi todo en la vida, “sólo” se trata de encontrar una relación coherente y equilibrada entre las razones y los resultados.

Jordi Foz

image
Palabra mágica… Equilibrio entre trabajo y familia, entre planificar e improvisar, entre hablar y callar, entre reflexionar y hacer, entre el movimiento y la quietud, entre estar y no estar, entre dar y recibir,  entre la familia y uno mismo, entre sonreír y estar serio, entre cuidar y ser cuidado, entre la rentabilidad económica y la social, entre explotar el negocio actual y explorar nuevos territorios…
Y el caso es que cada persona y cada empresa encuentra los suyos propios y además, para cuando encuentra un equilibrio, algún desequilibrio emerge.  Pues es así, un movimiento constante, una pregunta que nunca tiene una única respuesta.
Me invitó a esta reflexión, la lectura del libro “el equilibrista” de Sergio de Miguel, un directivo que participó en la última edición del seminario de coaching que impartimos en la UPV. Gracias por el regalo, Sergio.
Ane Aguirre