género


“Does the word ‘Persons’ in Section 24 of the British North America Act, 1867, include female persons?”

Esta escultura está en el parque del Parliament Hill, en Otawa. La fotografié hace dos años cuando pasé un mes en esta agradable e interesante ciudad.

Algún día, un grupo de mujeres tuvo que preguntar al Parlamento de su país, si cuando la ley decía “personas” se estaba incluyendo a las mujeres. Algún día, muchas mujeres tuvieron que pelear durante años, para cambiar la ley que no nos permitía votar. Algún día, hubo mujeres que se tuvieron que hacer pasar por hombres para poder ir a la universidad. Algún día, hubo que analizar las diferencias salariales en las empresas, para llegar a la conclusión de que ganábamos menos ocupando los mismos puestos. No hace tanto tiempo que todo esto era vivido como “normal”.

Y todavía hay niñas en el mundo que no se escolarizan, mujeres que son maltratadas y asesinadas por sus parejas porque deciden no someterse, dificultades para acceder a puestos de responsabilidad en las empresas, una distribución desigual de las tareas del hogar, y muchas actitudes pequeñas, sutiles, difíciles de comentar sin ser tachadas de “exageradas”, que nos ponen a las mujeres en planos de inferioridad.

Me declaro feminista desde el momento en que constato que las mujeres no somos iguales en derechos y libertades. No me hace falta recurrir al pasado ni a otros países y culturas para decir que aún queda camino por recorrer. Con mirar alrededor, me vale.

¿Lo positivo? que hay cosas que ya no nos parecen “normales”, que estamos recorriendo un camino, que cada vez más hombres se declaran “feministas” sin ningún complejo, y comparten la idea radical de que no tiene sentido que no convivamos “en igualdad”.

Hay tanto para ganar…

Ane Agirre

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Reunión de los responsables de empresas del Ibex 35 en 2014

A veces se tiene la amarga satisfacción de ver ratificado en un medio más o menos creíble algo que uno siempre había intuido… Algo así me ha sucedido con el impactante título del artículo publicado en La Vanguardia el pasado día 29 de septiembre: “La preocupación de las empresas por la igualdad es falsa, dicen las directivas”; artículo que remite a las recientes conclusiones de la prestigiosa Esade Gender Monitor.

Luego, si se pone foco, resulta que la muestra es de “sólo” 152 directivas y que no se dice exactamente esa frase literal que resulta ser entonces un recurso periodístico, aunque bien podría deducirse de las respuestas aportadas.  En cualquier caso, tuve la sensación de haber sido… “descubierto” (?) y de tener que reconocer que, íntimamente, siempre había sospechado que “la preocupación de las empresas por la igualdad es falsa”…

Afortunadamente, aunque exista una interacción evidente, una cosa son las empresas y otra cosa distinta las personas que las componen, y sí he conocido personas (nunca suficientes) a las que ha preocupado la igualdad de género y han trabajado muy meritoriamente por ella, incluso por diferentes motivaciones.

Esta es una cuestión muy poliédrica que hemos tocado en anteriores viñetas, con diferentes aproximaciones y reflexiones. Y me temo que el equilibrio de género en las empresas, sigue siendo algo claramente pendiente de resolver y tengo, además,  la frustrante sensación de que no lo estará definitivamente hasta que ya no sea necesario ni siguiera mencionarlo; como no se habla, por ejemplo, de la esclavitud o el trabajo infantil como actividades comerciales legales, de los combates de gladiadores o de fumar en los aviones.

Es decir, la esperanza es que algún día la no discriminación por razón de género sea algo tan evidente y asumido como los anteriores ejemplos y pueda dejar de ser objeto de debate y, si es posible, hasta de encuestas y reflexiones.  “Se dice” que existen lugares y entornos en los que casi se ha conseguido…

Jordi Foz

Fading_Gigolo_posterEsa astracanada dirigida por John Turturro y protagonizada por él y Woody Allen, me llevó de la tierna sonrisa a la pregunta.

Impulsado por sus dificultades financieras, el viejo Murray (W. Allen), invita a un amigo más joven, e igualmente escaso de fondos a probar un nuevo tipo de negocio: convertirse en gigolo, con él como chulo. Cuando escuché el nombre de batalla -Fioravante- elegido por nuestro héroe (J. Turturro), me arrellané en el asiento preparada para una estupenda sesión de carcajada con palomitas.

Lo que encontré sin embargo, fue el despliegue de un oficio ejercido con inmensa  consideración hacia sus clientas. Nuestro Fioravante  sabía escucharlas:  amable cuando lo necesitaban,  consejo si lo pedían, conversación, tango, sexo suave, masaje, cocina, sexo duro,  ternura y silencio si era requerido.  Lejos de resultar grotesco, nuestro gigoló de  pantalla  se revelaba tierno, considerado, útil y hasta valioso.

¿Tendrán sus homólogas la posibilidad de ejercer con igual libertad y consideración?

Araceli Cabezón de Diego

 

 

DedalPrimera escena : Leo un artículo en la prensa sobre un hecho cuyo aniversario ha pasado prácticamente desapercibido. El 19 de noviembre de 1.933 todas las mujeres pudieron, por fin, votar en España. Hace sólo ochenta años … Mi madre tenía 13 y jamás había visto votar a mi abuela ni, probablemente, se le hubiera pasado por la cabeza que fuera posible. Fue algo muy controvertido y seguro que no arregló nada de pronto, pero también es evidente que ese día todos fuimos un poco más humanos, más libres, más solidarios y más civilizados.

Segunda escena : oigo las noticias en la televisión y, según la Fundación Anar (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), una de cada tres adolescentes puede estar sufriendo algún tipo de violencia de género, aunque no sean conscientes en absoluto e incluso aunque muchas de ellas consideren justificables y “normales” las actitudes de sus jóvenes parejas.

Tercera escena : me estoy despidiendo de un buen amigo a última hora de la tarde. Me dice : “me voy al súper, a hacerle la compra a mi mujer”… (?) Supongo que interpreta mal mi mirada inescrutable e irónica y casi se justifica : “de verdad que no me importa, tiene un pequeño esguince y no quiero que cargue peso” … Es una gran persona, un buen marido y un buen padre.

Cuarta y última escena : un artículo en la prensa de anteayer, día 4 de diciembre : “el Subsecretario del Ministerio de Sanidad de Arabia Saudita, a requerimiento de la máxima autoridad religiosa del país, el muftí Abdelaiz al Sheij, ha prohibido a los médicos de sexo masculino examinar cadáveres de mujeres”. Se ve que es pecado …

Siendo tan distintas, algún hilo imperceptible me hace establecer algún tipo de relación entre las cuatro “escenas”. Han pasado ya ochenta años, y aquí estamos … Muy lejos del punto de partida pero más lejos aún de algún punto de llegada. Ya no es sólo una cuestión de derechos básicos y de justicia. Para esta sociedad con tantos problemas y tantas salas de espera es cuestión de sentido común, de supervivencia, de no renunciar a la capacidad de nadie por razón de género.

Y claro que no puedo intervenir en muchas de estas escenas, pero sí soy perfectamente capaz de ser consciente de mis prejuicios … y de combatirlos; de hacer mi o nuestra compra  y, definitivamente,  de ponerme el dedal y coserme mis propios botones.

Jordi Foz

Gare Windsor a Montreal (Jordi Foz)Esta fotografía está tomada en la antigua, imponente y rehabilitada Gare Windsor de la Canadian Pacific Railway en Montreal (Quebec), que entró en funcionamiento en 1889 y que hoy constituye un espacio multiuso de interés histórico, aunque bastante desangelado en su interior.

La fotografía ocupa exactamente el mismo espacio en el que estuvo instalada la “billetterie” cuya imagen recoge. El detalle que me llamó la atención está en la parte derecha de la misma : “women’s waiting room” … ¿? (podeis clickar sobre la imagen para verla mejor).

Juzgar hechos del pasado desde la mentalidad presente siempre supone un ejercicio de resultado muy incierto; pero parece evidente que hace unos ciento veinte años construir una sala de espera exclusiva para mujeres era considerado, no ya algo normal, sino probablemente un progreso … Personalmente sólo se me ocurre que pudiera plantearse con un ánimo de “protección” de la mujer en tiempos muy convulsos de grandes migraciones multirraciales,  en las que esta estación era un punto neurálgico.

De cualquier manera, con nuestra mentalidad y entorno cultural actuales,  me parece imposible que hoy se aceptara algo parecido sin, por lo menos, apasionados debates. Alrededor de esta idea me surgen dos reflexiones : la primera es la de si alguien puede creer que, en cuestiones de género, diversidad e igualdad de derechos, y pese a avances evidentes,  hemos llegado a algún “resultado” final, concreto y satisfactorio. Y mi opinión personal es que no; que lamentablemente la historia no es una línea recta de continuo progreso y avances sociales, sino que “zigzaguea” en cuanto nos despistamos;  y que, en materia de derechos, no se puede bajar la guardia ni un solo instante,  ni dar nada por definitivamente conseguido.

La segunda reflexión es que en muchos ámbitos profesionales, geográficos, sociales y culturales, me temo que siguen existiendo aún demasiadas “salas de espera” exclusivas para mujeres … Y aunque algunas puedan ser incluso confortables (otras son terriblemente tétricas), en el siglo XXI nadie debería verse obligado a “esperar”, por razón de género, a su futuro deseado. Y que todos nosotros, cada uno en su propio ámbito inmediato y cotidiano, podemos “empujar” en esta dirección seguramente mucho más de lo que somos capaces de imaginar.

Jordi Foz

Ches

¿Qué hace que un equipo funcione mejor que otros? ¿Cuál es el elemento diferenciador que convierte a un equipo en un equipo de alto rendimiento?

A diferencia del Coaching individual en el Team Coaching trabajamos con las relaciones que se establecen entre los miembros de un equipo y cuando hablamos de relaciones surgen, inevitablemente, algunos conceptos que se repiten en prácticamente todos los diferentes modelos y propuestas que hemos trabajado en Vesper.

El compromiso, los valores compartidos, la interdependencia y confianza entre los miembros de un equipo, la claridad de los roles, el liderazgo participativo que permite espacios de aprendizaje y crecimiento, unas “reglas del juego”  acordadas y aceptadas y, sobre todo, un propósito compartido : un equipo se constituye para conseguir un resultado.

Cualquiera de estos elementos – básicos para un buen funcionamiento –  es susceptible de ser analizado y trabajado en un proceso de Team Coaching.  Pero la pregunta inicial sigue en pie : ¿cuál es ese factor clave que hace que un equipo funcione? Probablemente no existe un solo elemento, pero en Vesper nos seduce  la tesis de Marcial Losada para quien uno de los factores clave es la conectividad, definida como la capacidad de influencia mutua, por la cual el comportamiento de un miembro del equipo está condicionado por el comportamiento del resto.  Y Losada ubica esa conectividad en el dominio de “los resultados”;  es decir,  la conectividad se produciría como resultado de “algo” que se genera en las dinámicas de algunos equipos …

Rafael Echevarría aporta un interesantísimo complemento a este planteamiento : en su opinión, la conectividad hay que situarla en el dominio de “la acción” y no de los resultados, de tal manera que existen acciones que, si se hacen,  producen la conectividad en la interrelación de un equipo.    Esta acción, esta competencia que puede aprenderse y desarrollarse, es la escucha mutua : la escucha es la acción que genera conectividad. Los miembros de un equipo se aceptan y se influyen porque se escuchan.  Me parece una potentísima afirmación, con muchas derivadas,  sobre la que propongo una profunda reflexión.

Aunque ya hemos hablado de esta “mágica” competencia en anteriores viñetas,  tendremos que dejar para otro día  el profundizar en qué entendemos por “escucha” y cómo podemos desarrollarla …

Jordi Foz 

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