Gratitud


photovisi-downloadAtzo sano topaketa atsegina bizi izan genduan BBK aretoan, eta, bertan, niretzat gero eta garrantzitsuagoak diran bi gauza egin genduzan. Batetik, orain arte izandakoa ospatzea eta horreri balioa emotea, bai eta proiektua garatu dabenak aintzatestea be. Eta, bestetik, oraindik sortzeko eta bizitzeko dagoana amestea eta irudikatzea.

Iragana aitortzean eta etorkizunera begiratzean, sakon bizi geinke oraina, oso aberasgarriak diran bi emoziogaz: esker ona eta ilusioa.

Zorionak Labayru Fundazioari, topaketa antolatzeagaitik.

Somos porque fueron. Serán porque somos.

Ayer vivimos un encuentro muy grato en la sala BBK, que nos permitió dos cosas a las que cada vez concedo más importancia. La primera, es celebrar y dar valor a lo que ha sido hasta ahora y reconocer a los que han traído el proyecto hasta donde está. Y la segunda, es imaginar y diseñar lo que aún está por ser creado y vivido.

Al reconocer el pasado y proyectarse al futuro, podemos vivir plenamente el momento presente con dos emociones que son muy constructivas: la gratitud y la ilusión.

Zorionak a Labayru Fundazioa por organizar el encuentro.

Ane Agirre

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Una de las mejores cosas que puedes hacer en Nueva York es pasear. Sí, pasear sin rumbo observando todo lo que te rodea. El abanico de actividades que te ofrece la ciudad es interminable y esa disponibilidad te puede llegar a abrumar.

En uno de esos paseos, volviendo de un maravilloso concierto de jazz en Zinc Bar, me encontré en Washington Square con Amel, una chica argentina residente y nacida en NYC. Eran las 12:30 de la noche y estaba tocando la guitarra y cantando. Había refrescado pero me quedé un rato,  en el que pude comprobar su escasa destreza con los acordes.

Me acerqué con la intención de echar unas monedas en la funda de la guitarra pero…estaba cerrada! Ella se dio cuenta y me dijo que estaba allí aprendiendo a tocar y que su “maestro” llegaría enseguida. Así fue.

Llegó “él”, Pandora. Acompañado de una brisa que me hizo decidir  quedarme un rato más. Un auténtico homeless que a esas horas ya dejaba entrever los efectos del alcohol. El nombre le venía de un letrero de su raida gorra y, a pesar de su aspecto, era (es) un artista…generoso. Llevaba toda la tarde enseñando pacientemente a Amel y animándole en su lento aprendizaje. Probablemente estaba perdiendo parte de su “salario”, pero estaba disfrutando.

En unos minutos aparecieron otros “personajes” de esta historia,  tan real que no podría inventarse : Ramón, un joven de Boston que no podía ocultar su vida en la calle detrás de una cara chupa de cuero y de unos dientes demasiado blancos…Se podía intuir que, por su camino, había pasado más dinero que cariño.

De los otros dos no sé sus nombres. No hacía falta. El hijo nunca reconocido de Meat Loaf y el primo neoyorkino de James Brown no faltaron a la fiesta. Porque la brisa de Pandora atrajo a un grupo de desconocidos que empezaron a cantar Knocking on Heavens door.

En medio del “concierto”, Ramón y yo nos fuimos a comprar unas cervezas a un 7-Eleven y las repartimos entre los que quedaban. Antes de marchar pagué la entrada. Las monedas se convirtieron en algún billete y, como imaginareis, las pude echar en la funda porque  en ese momento ya estaba abierta. Amel se levantó y me imitó,  echando unas monedas en el lugar que antes había sido su escenario.

Pandora recibió el dinero y las cervezas con una sonrisa de agradecimiento y, sinceramente, con una naturalidad que me hizo sentir fenomenal. Y es que, la generosidad, no solamente consiste en dar sin esperar nada a cambio,  sino en estar dispuesto a recibir, en ser generosos también a la hora de recibir.

He pasado muchas noches por allí después del concierto. Me apetecía volver a sentir aquella brisa agradable que me hizo recordar esa distinción que muchas veces utilizamos en los procesos de coaching. No he vuelto a ver a todos juntos y quizás no se vuelva a repetir la escena.

Eso sí, ayer Pandora me reconoció y chocamos los nudillos otra vez.

Oscar Garro

pd1: disculpad la calidad de la foto. He pensado que, aun así, merecía la pena porque recoge el momento álgido del concierto.

pd2: la versión de la canción, menos conocida, merece la pena

Hoy es día de Reyes, el día de los REGALOS. Esta semana pensaba que saber hacer buenos regalos es todo un arte y hoy me apetece reconocer y valorar la excelencia en este campo.

Vaya por delante que el simple acto de hacer un regalo a alguien tiene un gran valor, ya que supone dedicar tiempo, energía y dinero de uno para que la otra persona viva un momento especial. No conozco a nadie a quien no le guste recibir un regalo -estoy ignorando de manera consciente los regalos envenados, que también los hay-.  Normalmente se genera una respuesta de gratitud que dice “me alegra que te hayas acordado de mí”.

Algunos reyes magos se distinguen por una competencia adicional que tiene que ver con ser un buen observador, con conocer al otro, con ponerse en sus zapatos e intuir lo que puede hacerle ilusión… ¿qué se compraría si pudiera? ¿qué colores le sientan bien? ¿le gusta leer?  Hay reyes que  logran hacer el regalo desde lo que a la otra persona le gusta. En estos casos, el receptor suele devolver una sonrisa que dice: “qué bien me conoces”, “cómo sabes lo que me gusta”, “qué acierto”.

Y es posible distinguirse aún más, añadiendo a la dedicación y a la empatía una competencia adicional: la valentía. Son los reyes magos capaces de arriesgarse e ir más allá de lo que es obvio para el que recibe el regalo. No están seguros de acertar pero intuyen que pueden abrir una ventana de posibilidad, un reto interesante, ampliar el repertorio, añadir algo nuevo al otro… y van y se arriesgan. A mí me encantan, les devuelvo una mirada de admiración por haberse atrevido a equivocarse para enriquecer mi vida.

Y termino con un regalo. Es una cita extraída de la obra “Viaje a la India” de Waldemar Bonsels, que me gustó cuando la leí y hoy encaja muy bien: “El mejor regalo que puede ofrecernos una persona es su confianza en nuestras propias fuerzas”.

¡Feliz día de Reyes!

Ane Aguirre

Me encantó como Jordi, en su viñeta de la semana pasada, hacía alusión a la importancia de practicar el acto del agradecimiento. Considero que, en muchas ocasiones, “suponemos” que el otro sabe que agradecemos lo que ha hecho o lo que ha dicho y le hurtamos la posibilidad de que sepa que lo valoramos.

En las empresas nos encontramos frecuentemente con ese “hurto” junto con otros como el reconocimiento auténtico (“…pero si es su obligación, trabajar bien…”) o las peticiones (“…para qué se lo voy a pedir, lo tendría que saber…”). Como Jordi, procuro practicar todos los días aunque esta semana me he dado cuenta de que me faltan otros “hábitos” muy saludables.

El lunes falleció una persona muy querida por mi…pero ¿él lo sabía?. Era un hombretón parco en palabras que de niño me producía una mezcla de miedo y respeto y que me parecía ¡un gigante! Eso sí, cuando vió que el pequeñajo (en eso no he cambiado mucho) se caía en un río, no dudó un segundo en tirarse a por mi. Enseguida comprendí que en el gigante y en su parquedad se escondía una maravillosa persona que mantenía la distancia pero que siempre estaba dispuesto a ayudar.

Hace ya bastantes años un maldito alemán le robó el pasado pero su mujer y sus hijas le regalaron un presente tan cariñoso que les permitió soñar con un futuro. Un presente en el que no faltaban las palabras optimistas y las contínuas muestras de amor…aunque él las olvidara o…precisamente por eso.

¿Cuántas veces nos guardamos un “te quiero”? Por mi parte, gracias a esta lección, procuraré no guardarme demasiados no vaya a ser que no lo sepas o… que te olvides.

Oscar Garro

Hace un par de meses tuve el privilegio de impartir, junto con mi buen amigo Joan,  una clase sobre “coaching en el ámbito empresarial”, dentro del Postgrado de Coaching del Idec-UPF de Barcelona (Instituto de Educación Continua – Universidad Pompeu Fabra).

La sesión  fue en sábado– un precioso y soleado sábado de mayo que invitaba muy poco a encerrarse en una aula– y empezó además a las nueve de la mañana para acabar a las tres de la tarde … Escenario de “cierto riesgo docente”.

Después de la pausa de media mañana, cuando reemprendíamos la clase, una de las alumnas dijo que “quería decir una cosa en nombre de todos” y a continuación, sencillamente, dijo que … “quería darnos las gracias”.  Por las horas  que estábamos compartiendo, por haber conseguido captar su atención,  y por nuestro interés y nuestra pasión en lo que estábamos explicando.  Me pareció un acto – el de agradecer – tan maravillosamente sencillo como potente. Podéis imaginar nuestro “subidón” y lo emocionante de recibir el regalo imprevisto de un reconocimiento tan generoso …

Cuando agradecemos – de verdad y desinteresadamente – el foco lo estamos poniendo en la otra persona; estamos valorando su interés, su esfuerzo, su amabilidad, su qué y su cómo …  Y de alguna manera  le estamos diciendo que “nos hemos dado cuenta”, que lo hemos recibido, que lo apreciamos  y que le estamos agradecidos.

Desde aquel día procuro practicar aún más el ejercicio de la gratitud y resulta que, además  de facilitar la relación, la complicidad y la confianza, me hace mucho más sensible a la perspectiva “del otro” y a entender mejor eso que todos sabemos : que además de la mía, existen otras formas de ver las cosas.

Jordi Foz