Intuición


Hoy es día de Reyes, el día de los REGALOS. Esta semana pensaba que saber hacer buenos regalos es todo un arte y hoy me apetece reconocer y valorar la excelencia en este campo.

Vaya por delante que el simple acto de hacer un regalo a alguien tiene un gran valor, ya que supone dedicar tiempo, energía y dinero de uno para que la otra persona viva un momento especial. No conozco a nadie a quien no le guste recibir un regalo -estoy ignorando de manera consciente los regalos envenados, que también los hay-.  Normalmente se genera una respuesta de gratitud que dice “me alegra que te hayas acordado de mí”.

Algunos reyes magos se distinguen por una competencia adicional que tiene que ver con ser un buen observador, con conocer al otro, con ponerse en sus zapatos e intuir lo que puede hacerle ilusión… ¿qué se compraría si pudiera? ¿qué colores le sientan bien? ¿le gusta leer?  Hay reyes que  logran hacer el regalo desde lo que a la otra persona le gusta. En estos casos, el receptor suele devolver una sonrisa que dice: “qué bien me conoces”, “cómo sabes lo que me gusta”, “qué acierto”.

Y es posible distinguirse aún más, añadiendo a la dedicación y a la empatía una competencia adicional: la valentía. Son los reyes magos capaces de arriesgarse e ir más allá de lo que es obvio para el que recibe el regalo. No están seguros de acertar pero intuyen que pueden abrir una ventana de posibilidad, un reto interesante, ampliar el repertorio, añadir algo nuevo al otro… y van y se arriesgan. A mí me encantan, les devuelvo una mirada de admiración por haberse atrevido a equivocarse para enriquecer mi vida.

Y termino con un regalo. Es una cita extraída de la obra “Viaje a la India” de Waldemar Bonsels, que me gustó cuando la leí y hoy encaja muy bien: “El mejor regalo que puede ofrecernos una persona es su confianza en nuestras propias fuerzas”.

¡Feliz día de Reyes!

Ane Aguirre

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 No puedo resistirme a rendirle homenaje. Nos deja una mezcla de sabiduría, innovación, belleza y coraje. Entresaco unas  palabras del discurso que habréis escuchado mil  veces, y que en Vesper hemos utilizado otras  mil,  para ejemplificar los temas que trabajamos con nuestros equipos directivos.  Las que hoy más me impresionan son  estas:

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder…No  hay razón para no seguir el dictado de tu corazón…La muerte tiene la virtud de aclarar todo lo que querrías hacer de  nuevo. Ahora lo nuevo eres tú.

Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de otros….no te dejes atrapar por el dogma que supone vivir según el pensamiento de otro….no permitas que el ruido de las opiniones de los demás apague tu voz interior….y lo más importante, ten el coraje de seguir las instrucciones de tu corazón y tu intuición…Todo lo demás es secundario”

Pero él, además de los otros, tenía otro don: permitirse pensar en lo que quería. No todo el mundo se da ese permiso. A mi juicio ese es un paso anterior necesitado de un entrenamiento para el que no sé si basta con el “recuerdo de la muerte”.

Araceli Cabezón de Diego

Me gustan los post que escribe Alfonso Longo en su blog, por su brevedad y por su profundidad. Esta mañana he leído uno titulado “liderar en el tiempo” y me ha apetecido compartirlo aquí con vosotros.  http://alfonsolongo.blogspot.com/2011/05/liderar-en-el-tiempo.html

Hablamos del gran arte de combinar el presente, el futuro inmediato y el futuro más lejano. Es un tema muy recurrente en las reflexiones que tenemos con equipos de dirección, es una gran pregunta que suele quedar formulada y para la cual es muy difícil estructurar respuestas. En palabras de Alfonso,  tiene que ver con “la inteligencia profunda del sentido común”. Yo lo asociaría además, con la intuición, con la resiliencia (de la que últimamente se habla tanto) y con el compromiso con unos valores que van más allá del “éxito personal” a corto plazo.

Dicho en palabras de un empresario y directivo de los que pisa tierra a la vez que se compromete con el futuro: “no perder el hilo del negocio mientras pensamos y trabajamos para que esta empresa se consolide y pueda competir dentro de 10 años”. Pisar tierra y soñar… Anclaje al suelo y alas para volar…

Ane Aguirre

Comentaba Ane hace unos días en “La intuición como metodología” que para dar paso a culturas empresariales más innovadoras, hay que poner en valor la intuición. No hace mucho escuché a la Directora general de ESADE, Eugenia Bieto comentar los resultados de un informe donde los directivos evaluaban la utilidad de los programas de las Escuelas de Negocios. Todos los beneficios que citaba, me resultaron predecibles, salvo uno de ellos, que llamó especialmente mi atención: “la legitimación de las prácticas intuitivas”.

Con esta declaración buena parte de los receptores de esos programas, profesionales experimentados, con años de trabajo, éxitos y dificultades a sus espaldas, y con interés por el aprendizaje, reconocían haber encontrado en la Escuela de Negocios una especie de legitimación de  su intuición: “lo que me estáis contando aquí, yo lo hice por intuición, sin tener base “científica”….o sea, que está bien hecho…

Me hizo gracia esa “certificación” a posteriori de algo que habían hecho sin necesidad de bendiciones previas. “Cuando la cabeza me dice una cosa y las tripas otra -escuché una vez a una directiva- yo hago caso a las tripas… Tripas, olfato, primeras impresiones, cognición rápida…; parece que esa “competencia” ya tiene nombre: “Inteligencia intuitiva”.

¿Cuánto de cabeza y cuánto de tripas? ¡Tranquilos!, dentro de poco lloverá la oferta formativa sobre la cosa…

Araceli Cabezón

Hace pocas semanas me reunía con un grupo de directivos para hablar del proceso de innovación que querían implantar en dos empresas del Grupo. Al plantearnos cómo sería el proceso para filtrar las ideas innovadoras, alguien puso sobre la mesa la palabra intución.  Todos coincidíamos en que para ser creativos e innovar, además de saber manejar información y analizarla en profundidad, no queda otra alternativa que desarrollar la inteligencia intuitiva, una forma de conocimiento basada en la experiencia que es de una naturaleza más tácita, menos precisa, menos controlable pero a la vez muy valiosa.  Lo que pasa es que dar carta de naturaleza  a la intución dentro de una empresa, sigue sonando “poco serio” en muchos entornos.

El modelo mental de management heredado del siglo pasado, nos lleva a intentar reducir el riesgo mediante el control de procesos y resultados. Como reflejo de ello, nos hemos acostumbrado a exigir mucho análisis cuando abordamos nuevos proyectos. Y comprobamos una y otra vez cómo esa obsesión por analizar en exceso lleva a los equipos a la parálisis y cómo se pierden muchas oportunidades.  Como dice Alfons Cornella en su post “Innovación accidental“, precisamos personas que se proyecten desde su intuición y no se frenen por su análisis.

Intuyo que nos toca poner en valor la intuición, la capacidad de imaginación y de diseño, y renunciar a ratos a tener todo “bajo control”,  si queremos ir dando paso a una cultura de empresa más innovadora.

Ane Aguirre