“Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar” M. Benedetti

Ya llegan las semanas veraniegas de desconexión, de cambiar las rutinas, de tener más tiempo para pasear, dormir, leer, charlar, cocinar, comer, tomar el sol, nadar, contemplar, visitar, jugar, sorprenderse con algo nuevo o de ver a personas que sólo vemos en verano.

El otro día tuve la suerte de dar un paseo por la playa, en una tarde con muchísimo viento, de ese que hace difícil avanzar y que levanta mucha arena… y lo disfruté como una enana.

Ane Agirre


“Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era sólo una tregua”…
Este es un fragmento de “La tregua”, una corta y deliciosa novela de Benedetti en forma de diario.

De Benedetti siempre me han impresionado sobre todo dos cosas: su increíble capacidad para expresar lo que quiere expresar de manera sencilla, preciosa y precisa y la reflexión que, a modo de carga de profundidad, me provocan muchas de sus ideas.

Esto me sucedió con el concepto de “tregua” como expresión de períodos (¿entre qué hostilidades?) que podemos tender a considerar como de felicidad.  Compartiendo la reflexión con alguien muy cercano, me dijo algo así como: “¿ Y si la vida no fuera más que una sucesión de maravillosas treguas?” Me pareció un punto de vista genial… ¡¡¡ “Vivir” las treguas con toda su intensidad !!! Probablemente, sin pensar en que se acaban o asumiendo que, cuando esto suceda, existirán nuevas treguas.

Una vez más, todo depende del tipo de observador que somos, de nuestras diferentes maneras de ver las mismas realidades. ¿Qué son “las treguas” ?, ¿los momentos de supuesta felicidad o justamente lo contrario?, ¿cuál es nuestro estado “natural”, el de tregua o el de hostilidad?

Por supuesto, sigo sin tener respuestas concretas (¿existen?), pero trato de actuar como si, efectivamente, “la vida fuera una sucesión de maravillosas treguas”, viviendo lo mejor de cada momento y procurando aprender de todas las situaciones.  A mi, más o menos, me funciona.  Y a veces…  ¡¡¡ hasta es contagioso !!!

Jordi Foz