Espero con muchas ganas el estreno de “Blade Runner 2049” (octubre 2017), la continuación del clásico “Blade Runner” de Ridley Scott que está entre mis cinco películas preferidas. Hace ya 35 años veíamos replicantes que dudaban de su condición y que hasta a sus expertos perseguidores, les costaba distinguir si eran o no humanos.

El cine nos ha seguido presentando máquinas que hacen muy bien su trabajo y acompañan a personas que lo necesitan. Recordaréis a un magnífico y olvidadizo Frank Langella en “Un amigo para Frank”  (2012), que mantenía una preciosa relación con un robot o Joaquin Phoenix, enamorado de un sistema operativo en “Her” (2013).

Gran parte de lo que vemos en estas películas de ciencia ficción ya está aquí y lo podemos comprobar con la aparición del primer bot de conversación con empatía (que copia las emociones del usuario) o en Hanson Robotics, una empresa de Hong Kong que fabrica robots con inteligencia artificial y un aspecto muy natural. Solamente dos ejemplos de “máquinas” con las que mantendremos relaciones y que irán ocupando muchos de nuestros puestos de trabajo.

Y mientras nosotros cerrando los ojos a una realidad que avanza más rápido de lo que somos capaces de absorber. La noticia de que 78 grandes empresas españolas, en sus procesos de selección, van a apostar por el llamado curriculum ciego, no es más que una muestra de no enterarse de nada o peor, una manera de esconder las discriminaciones cerrando los ojos…

Si yo tuviera que elegir entre varios candidatos, me quedaría con aquellos que demuestren habilidades o competencias muy humanas, aquellas que precisamente nos diferencian de lo que nos viene a sustituir; es decir, lejos de descartar diversidad e información, me gustaría saber de ellos y de ellas (casi) todo. En caso contrario, manejaremos perfiles fríos, neutros y parecidos para acabar eligiendo “algo” que es capaz de emocionarse y emocionarnos hablando de cosas que han visto y que nosotros jamás creeríamos.

Oscar Garro