the_cider_house_rules-941679230-large“¿Quién vive a este lado de la casa? ¿Quién muele las manzanas, prepara la sidra, limpia toda la porquería? ¿Quién vive aquí, sin más, respirando todo ese vinagre? Alguien que jamás ha vivido aquí las inventó. No son para nosotros. Deberíamos crear nuestras propias normas. Y eso hacemos cada día sin excepción”.

El Sr.Rose no aceptaba las normas de la casa de la sidra y no se sentía comprometido con ellas. Dirigía un equipo de trabajadores en unas condiciones muy duras y “las cosas” funcionaban según las reglas que ellos habían establecido. No se sentían ni Príncipes de Maine ni Reyes de Nueva Inglaterra; simplemente hacían sidra y tenían muy claro cuál era su negocio y cómo tenían que trabajar.

Cuando acompañamos a un equipo directivo en un proceso de team coaching, ponemos el foco en tres cuestiones que consideramos claves: el propósito,  los valores y las reglas de juego. Y nos detenemos mucho en esta última porque aunque parezca simplemente “higiénica” y operativa, conforma la base donde se empieza a construir la confianza.

Eso sí, las distinguimos claramente de unas normas “externas” porque es el equipo el que decide sus propias reglas para coordinarse y relacionarse. El consenso y la libertad de elección refuerzan el compromiso y éste es imprescindible para avanzar en el camino hacia el alto rendimiento.

Oscar Garro

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La semana pasada y también en anteriores viñetasVoluntariado, hemos comentado uno de los  retos de liderazgo más importantes de nuestras empresas: la capacidad de detectar el talento, y de crear condiciones para su desarrollo.

Pues bien, existen espacios privilegiados, viveros de talento, impulsores del desarrollo profesional muy potentes: las organizaciones de trabajo voluntario. Las grandes empresas con frecuencia tienen las suyas propias, o apoyan con recursos dinerarios y humanos a organizaciones conocidas. Miles de artículos animan a las empresas a prestar o regalar el talento de sus empleados a este tipo de organizaciones. En el caso de España, también es frecuente que las empresas conciban el voluntariado como un espacio amable para aprovechar la experiencia de sus empleados prejubilados. Y eso está muy bien, pero a su vez estos espacios de trabajo pueden devolver a las empresas otro regalo: la ocasión de ensayar talentos, de desarrollarlos. Algunas empresas ya envían a sus empleados a desarrollarse allí. Pero  además las ONG’s pueden ser también caladeros donde ir a ojear, a buscar talento ya hecho.

El trabajo voluntario es una de las fuentes más potentes de desarrollo de habilidades profesionales, y sólo por dos razones: se hace porque se quiere hacer, y se hace con una finalidad clara. Se trabaja por compromiso personal, no por imposición; los resultados no ponen en juego el bonus, luego se puede arriesgar con soluciones innovadoras para mejorar el único resultado que se busca: el impacto final; la jerarquía se experimenta más como necesidad organizativa que como desigualdad autoritaria. El trabajo voluntario brinda  la ocasión para ensayar habilidades nuevas, de probar con lo que a uno realmente le apetece hacer, y descubrir si sirve para ello. He ahí otra fuente de búsqueda de talento para las empresas

Araceli Cabezón de Diego

Leía “clarity is power” en el título de una convocatoria de un encuentro de directivas… Lo relacioné inmediatamente con la transparencia, ya que es un término que me persigue últimamente… aparece en la mayoría de las reflexiones sobre management, en casi todas las declaraciones de misión, en titulares de prensa, en los códigos éticos y en las estrategias de RSC de empresas e instituciones… La información al alcance de todos, el derecho de todos a conocer los datos…

Comparto totalmente la importancia de la transparencia como vía para generar confianza: me parece esencial. Sin embargo, de toda esta gran ola de declaraciones, lo que me preocupa es la posible respuesta: cantidades inmanejables de información “colgadas” en las intranets y las webs. Como si eso fuera estar comprometido con el derecho de los distintos grupos de interés a conocer la realidad de la empresa (empezando por las personas que son parte de ella).

La transparencia no significa “publicarlo todo”, sino estar verdaderamente comprometido con aportar la información relevante de manera clara y contextualizada, invirtiendo tiempo en explicarla bien para que sea entendida. Porque sin el compromiso con la claridad, ¿para qué queremos tantísima información?

Ane Aguirre