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Hace unos días comía con mi amigo y cliente Pepe Alcaide, y hablando de cambios en la empresa que dirige, fuimos a parar a los cambios en general, que en nuestros días pasan con frecuencia por una conversación sobre la tecnología. Poco tardó en coger su I-phone y comentar: “¿Quién nos iba a decir que veríamos  fotos en una pantalla de móvil pasándolas como las hojas de un libro?”. Y al hilo de eso yo glosaba la sonrisa de una amiga, que al entregar a su hijo pequeño  un album de fotos convencional, observó cómo éste hacía un gesto con  el dedo corazón sobre una de las fotos, intentando que cambiara la imagen, como si de un I-phone y no de un libro se tratara. Esta anécdota que para mí se quedaba en lo gracioso, fué recogida por Pepe con el siguiente comentario. “En realidad, la auténtica innovación de I-phone ha sido aplicar un movimiento tradicional a un soporte nuevo”.

Eso me hizo pensar en una frase muy pomposa de don Eugenio d’Ors, que puede leerse en una de las fuentes del Paseo del Prado de Madrid: “Todo lo que no es tradición es plagio”. Ignoro las aportaciones de sus exégetas sobre tal sentencia, pero lo que a mí me sugieren la frase y la conversación con Pepe, es que un contexto innovador también tiene entre sus componentes  el conocimiento de la tradición.

Araceli Cabezón

Hace tres años falleció mi padre y, recientemente, lo ha hecho mi madre.

Además de muchas otras cosas, siento que, con ellos, se ha ido una gran parte del conocimiento familiar, de esa pequeña “historia” que, probablemente no sea muy importante en términos relativos, pero sí para el equilibrio de uno mismo: ¿Cómo se hacen las rosquillas de la abuela?;  ¿Cómo se llamaba el abuelo del abuelo?; ¿Qué tiempo hacía el día que nací?; ¿Qué tenía el ungüento que nos daba la abuela cuando nos quemábamos?; ¿Dónde está la tienda donde arreglan las cremalleras?; ¿Cómo se mengua en las mangas de un jersey?…

Hasta hace no muchos años, una parte muy importante de la vida se ocupaba en transmitir el conocimiento de padres a hijos, durante generaciones. Los grandes maestros vidrieros, los remedios contra las enfermedades, las grandes sagas y leyendas familiares.

Ahora, intentamos transmitir valores, y no siempre con éxito, pero, la verdad, muy poco conocimiento. Quizá nos hemos creído en exceso, como decía Araceli, que es bueno “desaprender”. Quizá confiamos demasiado en que todo lo realmente necesario está disponible en la red. Quizá creemos que una buena red social asegura la disponibilidad de los “repositorios” de conocimiento. Quizá en la Sociedad del Conocimiento hemos descapitalizado al mismo de valor. Quizá…

Lo cierto es que hoy me arrepiento profundamente de no haber preguntado con más interés  : “Mamá, ¿cómo se hacen las rosquillas de la abuela?”.

Marta Ozcariz

Las personas que en España se educaron en el ámbito de la Institución Libre de Enseñanza, se hartaron de oír: “es preciso desaprender lo aprendido”. Quienes después, ya en el mundo empresarial,   nos hemos movido por los tópicos del aprendizaje organizativo, nos hemos hartado de escuchar, incluso de predicar la misma cantinela: “hay que desaprender”. Desaprender lo viejo, para dejar espacio a formas más eficaces de actuar, desaprender para innovar, desaprender para…  bla, bla, bla.

¿Pero  es posible desaprender? Yo creo que se trata más bien de incorporar un  reflejo condicionado distinto al anterior, que nos permita actuar de una forma nueva, más eficaz más productiva, en definitiva mejor,  sin tener que pensar en cómo hacerlo.  Sin embargo la clave no está en adquirir nuevos reflejos, sino en decidir cuáles ¿Y cómo elegirlos si hemos olvidado lo anterior? ¿Sirve de algo borrar el pasado que ya no gusta?, ¿se puede siquiera?, ¿se debe?.

Recuerdo haber escuchado a Leonardo Wolk  http://www.coachingmagazineinternational.com/archivos/entrevista-a-leonardo-wolk alguna vez: ¿No traerá más a cuenta recordar para no repetir, o acordarse para poder reproducir? , y  me permito añadir: ¿No será mejor honrar el pasado como parte integrante de la persona u organización que, desde él, se decide a abordar un futuro distinto que desea mejor?

Araceli Cabezón