Cito de memoria a Henri Bergson: “…le présent n’est que le passé mordant sur le futur” que, de ser fiel al texto original, sería algo así como: “el presente no es más que el pasado que muerde (que roe) al futuro”, o sea que nuestro presente es una mezcla de nuestra memoria del pasado y nuestra anticipación de un futuro que prevemos o imaginamos.

El pasado no podemos cambiarlo; es lo que ya fué; sin embargo el futuro podemos preverlo u optar por imaginarlo, por diseñarlo. Un futuro previsto nos permite rodar por la vida sin sorpresas, de acuerdo  con los datos del pasado y el presente. Sin embargo, un futuro imaginado, proyectado, deseado, propicia una vida con propósito, con tensión por conseguirlo, basada en esfuerzos y posibilidades distintos, y eso cambia nuestro presente.

Imaginar el futuro deseado, proyectarlo, y ponerse en acción para conseguirlo, no arregla nuestro pasado, pero cambia radicalmente nuestra relación con el presente. La visión  de futuro es la “mordida” de nuestro presente en nuestro futuro. Es bueno tener siempre una.

Araceli Cabezón de Diego

Hoy comparto con vosotros esta cita de Andre Paule Guide, que nos ha regalado Pedro Miguel Echenique en esta extensa y excelente entrevista publicada este mes en la revista Jot Down.

Todas las olas del mar deben la belleza de su perfil a las que les precedieron y se retiraron

Porque cuando la leí me encantó. Y porque me conectó con una idea que cada vez tenemos más presente en nuestro trabajo con los equipos directivos que están en el momento de pensar sus estrategias y proyectos de futuro.

¡Qué importante es partir de donde estamos y mirar a lo siguiente desde el reconocimiento de “lo anterior”! Comprobamos que cuando un equipo es capaz de poner en valor y reconocer las estrategias, decisiones, proyectos, aciertos, errores y a los protagonistas que les han precedido y ya son “pasado”, entonces están en la mejor disposición de diseñar y dar paso a las siguientes olas.

Ane Agirre

Las personas que en España se educaron en el ámbito de la Institución Libre de Enseñanza, se hartaron de oír: “es preciso desaprender lo aprendido”. Quienes después, ya en el mundo empresarial,   nos hemos movido por los tópicos del aprendizaje organizativo, nos hemos hartado de escuchar, incluso de predicar la misma cantinela: “hay que desaprender”. Desaprender lo viejo, para dejar espacio a formas más eficaces de actuar, desaprender para innovar, desaprender para…  bla, bla, bla.

¿Pero  es posible desaprender? Yo creo que se trata más bien de incorporar un  reflejo condicionado distinto al anterior, que nos permita actuar de una forma nueva, más eficaz más productiva, en definitiva mejor,  sin tener que pensar en cómo hacerlo.  Sin embargo la clave no está en adquirir nuevos reflejos, sino en decidir cuáles ¿Y cómo elegirlos si hemos olvidado lo anterior? ¿Sirve de algo borrar el pasado que ya no gusta?, ¿se puede siquiera?, ¿se debe?.

Recuerdo haber escuchado a Leonardo Wolk  http://www.coachingmagazineinternational.com/archivos/entrevista-a-leonardo-wolk alguna vez: ¿No traerá más a cuenta recordar para no repetir, o acordarse para poder reproducir? , y  me permito añadir: ¿No será mejor honrar el pasado como parte integrante de la persona u organización que, desde él, se decide a abordar un futuro distinto que desea mejor?

Araceli Cabezón