11250916_10205675528182149_1430058112866729514_nUna vez recogido el guante de Ane y aun habiendo cambiado “lo intentaré” por “lo haré“, inevitablemente ayer llegó el día 1 y seguramente, los primeros desengaños.

Los propósitos incluso cuando están bien declarados, suponen un esfuerzo adicional y no siempre somos capaces de cumplirlos.

El problema es que además del disgusto de no haber empezado bien, en muchas ocasiones nos sentimos mal por sentirnos mal; nos decimos frases como “no tengo derecho a sentirme mal” o “estar triste no sirve para nada” y yo no compro ninguna de las 2 afirmaciones.

Todo el mundo tiene derecho a sentirse como le da la gana ya que todas las emociones son legítimas. Por otra parte, esas emociones que tildamos de “negativas”, pueden ser muy eficaces.

Podemos estar tristes por no haber cumplido nuestro propósito postvacacional y hasta puede ser saludable; además de hacernos más humanos, nos enriquece y nos puede dar la pausa necesaria para redefinir lo que queremos con más garantías de éxito.

Así que toca sentir, reflexionar y volver a empezar. Hoy mismo puede ser un gran día para hacerlo 🙂

Oscar Garro

 

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dumbo5He tenido un agosto “de cine”. He disfrutado de dos lujos combinados, el lujo de tener tiempo y el de contar con un “recomendador” que conoce mis gustos y acierta de lleno en las sugerencias.  

Y os traigo una de las que más he disfrutado, “Brooklyn“, una película irlandesa de 2015, dirigida por John Crowley y protagonizada maravillosamente por Saoirse Ronan, que narra la historia de una joven irlandesa que emigra a Nueva York. La he elegido porque he vuelto a cruzar el charco y porque teníamos otro post escrito por Jordi sobre el puente de Brooklyn y me ha apetecido recordarlo.

Rescato la escena en la que la protagonista dice “lo intentaré” y su jefa le reta a reformular su compromiso quitanto el verbo “intentar” y sustituyéndolo por “lo haré y punto“. Ahora que termina el verano y empieza un nuevo curso que nos lleva a plantearnos nuevos propósitos, os invito a elegir uno de ellos, y sustituir el “voy a intentar hacer” por un “voy a hacer”. Parece un cambio sin importancia, pero genera una emoción y una determinación totalmente distinta. Probad y veréis. 
Ane Agirre